“Stabat Mater Furiosa”  - de Jean Pierre Siméon 

Alegato triplicado
Por Egon Friedler

“Stabat Mater Furiosa”  - de Jean Pierre Siméon – Con la actuación de Stella Texeira, Gisella Marsiglia y Nadina González Miranda – Dirección: María Azambuya – En la Sala “Cero” de “El Galpón.

El Stabat Mater es originariamente un cántico medieval que evoca el sufrimiento de la virgen María ante la crucifixión de su hijo Jesús,. Más tarde, se transformó en una composición de música sacra para coro y solistas. El poeta y dramaturgo francés Jean Pierre Siméon decidió utilizar el nombre genérico del Stabat Mater para crear un apasionado alegato contra la guerra. 

La obra fue escrita en el Líbano en 1999, 9 años después de la finalización de la guerra civil que asoló a ese país entre 1975 y 1990, pero visiblemente estuvo influida por su recuerdo.

La obra se dio en Francia como un espectáculo unipersonal. Una sola actriz enfrenta el tremendo desafío de infundir pasión, indignación y drama a esta furiosa imprecación contra la violencia del ser humano, contra su manía de contraer odios asesinos y de ensañarse con víctimas inocentes, y en primer lugar contra mujeres y niños. El texto es hermoso y sugestivo, en algún momento quizás algo redundante pero posee una indudable carga de emoción, de intensidad dramática y vuelo lírico.

La directora María Azambuya resolvió dividir el texto entre tres actrices. Gran parte del texto es dicho de manera simultánea o casi simultánea por las tres actrices como conformando un coro. Pero en otros momentos, el texto se divide, y cada una de las tres actrices tiene a su cargo una parte del parlamento. Lamentablemente, este recurso, sin duda legítimo, solo funciona a medias. De alguna manera, quita vigor, concentración y eficacia dramática al texto. Le da una dimensión de artificialidad que lo hace menos íntimo, menos entrañable, menos doloroso.

Las tres actrices comprenden muy bien el mensaje que Siméon quiere transmitir y lo hacen suyo, cada una en su estilo, Stella Texeira, de manera más enfática, Nadine González Miranda con una vena intensamente lírica y Gisella Marsiglia (a mi juicio la más convincente y emotiva de las tres intérpretes) con una calidez y un tono confesional que por momentos llega a ser conmovedor.

La traducción del francés de Laura Pouso hace los debidos honores al texto y la música incidental, procedente de una versión francesa, crea un marco sumamente adecuado para esta lectura poética. 

Al margen de todos los reparos, es sin duda, un espectáculo sumamente recomendable.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - marzo 2009

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