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“Salmo
91”
– de Dib Carneiro Neto – Dirección de Fernando Rodríguez Compare – Con la
actuación de Fernando Amaral, Gustavo Casco, Sergio Mautone, Guillermo
Robales y Carlos Sorriba – En el Teatro “La Candela”
Esta obra del periodista y dramaturgo
brasilero Dib Carneiro Neto está inspirada en la novela “Estación
Carandirú” de Drauzio Varella, que fuera llevada al cine por el director
Héctor Babenco. Como recordarán muchos espectadores, la película
documentaba el brutal aplastamiento de la rebelión en la cárcel de
Carandirú, en San Pablo, considerada la más grande de América Latina.
Aunque la pieza hace alusión a este trágico episodio, ocurrido el 2 de
octubre de 1992, su intención no es documentarlo dramáticamente, sino
enfrentarnos con los destinos individuales de los reclusos. No hay una
verdadera trama, sino una serie de monólogos ligados entre sí. Cada
personaje encarna todo un mundo, por lo que la duplicidad de roles
asignada a cuatro de los cinco actores constituye un gran desafío.
El único actor que tiene a su cargo un solo rol es Segio Mautone, quien
encarna a un sobreviviente de la masacre de 1992, quien no pueda
librarse de su terrible carga de recuerdos reviviendo a diario su
obsesiva pesadilla. La creación de Mautone posee un vigor dramático de
formidable intensidad. Sus ojos alucinados son no menos elocuentes que
sus feroces imprecaciones.
Carlos Sorriba no tiene el físico adecuado para encarnar al negro grande
al que representa, por lo que adopta una posición de brazos que quiere
dar una impresión de corpulencia. Es el criminal contento de su
condición y orgulloso de pertenecer a una segunda generación de presos.
Desprecia el trabajo y ve con satisfacción que su hijo haya decidido
seguir su camino. Mucho más convincente está en su segundo rol : el del
vividor que está contento con tener dos familias y que solo lamenta
haber caído preso en una rapiña menor y no en lo que es su verdadera
profesión : la de ágil asaltante de bancos.
Fernando Amaral es alternativamente un enfermero fanfarrón que pretende
ser médico y un homosexual chismoso y amanerado que, como no sabe qué
hacer con su vida, está obsesionado con la vida de los demás. En ambos
roles logra crear retratos sicológicos de admirable convicción y
autenticidad. También Guillermo Robales enfrenta un desafío similar e
interpreta con idéntica solvencia y naturalidad a un travesti y a un
criminal de pocas luces satisfecho con su parcela de poder como
encargado de su pabellón en la cárcel. Por último, Gustavo Casco
complementa con soltura y versatilidad el elenco, como “macho” agresivo
herido en su orgullo viril por su mujer liviana de ascos y como asesino
arrepentido que encuentra su camino en la mística religiosa.
Dirigido con mano segura por Fernando Rodríguez Compare (quien también
es responsable por la excelente traducción) es un espectáculo duro pero
de excelente nivel. Eso sí, no es recomendable para quienes quieran
divertirse en el sentido tradicional y pasar una velada agradable y sin
problemas.
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