"Rotos de amor" de Rafael Bruzza

"Víctimas" del amor
Por Egon Friedler

"Rotos de amor" de Rafael Bruzza - Con Patricio Contreras, Daniel Fanego, Claudio Rissi y Victor Laplace - Dirección: Daniel Suárez Marzal - En el Teatro "Stella", 4 de junio.

 

Bajo el título "Rotos de amor" el autor argentino Rafael Bruzza reúne una serie de sketchs cómicos a cargo de los mismos personajes, todos ellos perdedores sin remedio. El primero (Patricio Contreras) es un pesado solemne al que su mujer abandonó por un profesor de tango; el segundo (Victor Laplace) es un soñador terriblemente torpe, cuya mujer lo abandonó por sus volcánicos ronquidos; el tercero (Daniel Fanego) es un mudo que no es tan mudo pero habla una jerga inenteligible que suele causar sorpresas y sobresaltos al ser traducida. Su problema es que durante 16 años se negó a separarse de las cenizas de su mujer muerta. El cuarto (Claudio Rissi) es un enamorado platónico que prefiere adorar a las mujeres desde lejos y sin su conocimiento, para no sufrir desilusiones.

El humor oscila entre lo ingenioso y lo chabacano, con algunos chistes muy disfrutables y otros más bien burdos. La mercadería artística no es gran cosa, pero viene espléndidamente bien presentada.

Los cuatro actores están muy bien: Patricio Contreras encarna con todo el empaque seudo-profesoral requerido a su tonto pretencioso; Victor Laplace realiza un despliegue de ductilidad actoral, baila, canta y se mueve con la agilidad de una odalisca; Daniel Fanego compone con extraordinaria gracia a su personaje excéntrico mientras Claudio Rissi da a su personaje timorato y ridículo la adecuada mezcla de inocencia y estupidez. El movimiento escénico, dirigido por un talento múltiple como Daniel Suárez Marzal (cantante, régisseur, director teatral) es de una precisión y un profesionalismo impecables. Toda la parte técnica ha sido muy cuidada. Por ejemplo, la preparación de los bailes de tango de los actores ha estado a cargo de un destacado coreógrafo como Alejandro Cervera. Pero en total no pasa de ser una diversión muy pero muy liviana. Para reír un poco y olvidarse.

Egon Friedler

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