“Rose" - de Martin Sherman 

Moneda con dos caras
Por Egon Friedler

“Rose”  - de Martin Sherman por Estela Medina – Dirección: Mario Morgan - Versión española: Mario Morgan – Ambientación sonora: Alfredo Leirós – En el Teatro del MovieCenter.

Casi al comienzo de la obra la protagonista explica que el mayor aporte del judaísmo a la humanidad no consiste en los aportes realizados por personalidades como Moisés, Jesús o Einstein sino en la pequeña frase “por otra parte”.

Siguiendo esta lógica talmúdica trataré de explicar porqué esta obra me parece bastante discutible…..aunque por otra parte considero que es admirable.

En primer lugar, “Rose” es demasiado larga (dos horas) y bastante desigual. La combinación de humor y tragedia no siempre funciona bien y a veces resulta algo chirriante. Durante la mayor parte de la obra, el personaje de “Rose” es más bien light : es una chica sin demasiadas inhibiciones ni complejos intelectuales, ansiosa de vivir plenamente. A tal punto, que después de vivir la traumática experiencia del Holocausto, perder a su hija y su familia y enterrar a su segundo marido, se lanza a una aventura hippie con marihuana incluida. Más tarde, sienta cabeza y se convierte en una eficaz mujer de negocios a la que el dinero no le es nada indiferente. En ningún momento manifiesta inquietudes culturales y políticas. Sin embargo, en la última parte de la pieza se vuelve una intelectual liberal acérrima capaz de conmoverse profundamente por la muerte de una niña palestina, y de adoptar una conducta militante que ignora las complejidades del conflicto.

El autor, un exitoso actor y dramaturgo judío-norteamericano radicado en Londres, convierte a Rose en su vocero oficial y la pone a discutir no solo el tema de los territorios ocupados y la ideología nacionalista de los colonos judíos en Cisjordania, sino también las complejas relaciones entre Israel y la Diáspora y el conflicto entre la cultura yidish y la hebrea, que podrá estar superado históricamente, pero no lo está para Rose y su familia. En suma, el personaje de Rose dueña de hotel, madre y abuela amante, mujer emprendedora y práctica, no resulta demasiado convincente como disertante sobre los grandes dilemas éticos, culturales y políticos del pueblo judío.

Pero por otra parte, tengo que admitir que su seminario concentrado sobre historia y cultura judía es tan interesante como fermental y polémico. Tiene la virtud de estar planteado con singular convicción y dramatismo y resulta profundamente esclarecedor sin que moleste su intención didáctica. Si nos olvidamos de la Rose del comienzo, esta abuela singularmente lúcida resulta impresionante. No solo es capaz de hacer creíble su conflicto ideológico y/o religioso con hijos y nietos, sino que es capaz de transmitirlo de manera vivencial a espectadores judíos y no-judíos. Por lo demás, al margen de sus incongruencias sicológicas y de algunos fragmentos perfectamente omisibles, su largo monólogo tiene la virtud de su amenidad. Está bien escrito y en sus mejores momentos revela la garra de un autor teatral que conoce a fondo su oficio. 

Obviamente esas virtudes del texto solo pueden ser apreciadas en la interpretación de una gran actriz y a nivel local, Estela Medina, era la candidata natural para hacer frente a este desafío. 

Una vez más, la gran dama del teatro uruguayo no decepcionó a sus admiradores, veteranos o recién ganados. Supo dar un singular encanto a esta mujer que empieza siendo muy sencilla y termina sorprendiendo por su sofisticación. Logró dar un convincente toque de autenticidad a la accidentada y dramática trayectoria vital de su heroína y dio la entonación justa a su discreta y convincente “judaización” de su dicción y entonación castellana. Del mismo modo, pronunció correctamente las palabras en Yidish insertadas en la obra. Sin duda, la mano experimentada del director Mario Morgan tuvo que ver con esa sutil caracterización étnica al igual que con la hábil marcación de los tonos del largo y nada fácil monólogo. Asimismo fue acertada tanto la sobria y escasa escenografía así como el limitado, pero bien diagramado movimiento escénico. Otro elemento clave en el éxito artístico de la versión tiene que ver con la ambientación sonora, con clásicas melodías del folklore judío, a cargo de Alfredo Leirós. 

Martin Sherman alude una y otra vez en la obra a “Idl mit´n fidl” (El judío con su violín) en la versión de Moly Picon, una gran estrella del teatro idish en los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX y muy oportunamente oímos su inconfundible y otrora famosa voz. Sin duda, este inesperado reencuentro con Moly Picon va a ser una hermosa experiencia nostálgica para los veteranos que alcanzaron a oír la “Voz de Sión” y las otras dos audiciones radiales judías que la precedieron en las décadas del cuarenta y el cincuenta. 

Pero “Rose” está lejos de estar destinado solo a nostálgicos espectadores judíos de la tercera edad. Como lo demostraron los aplausos sostenidos de un gran público, en el que solo una pequeña minoría pertenecía a la colectividad, Mario Morgan y Estela Medina apostaron a la universalidad de la cultura judía y ganaron la apuesta. 

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 13 de agosto 2009

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