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“Romeo y Julieta”  – de William Shakespeare – Versión de Horacio Buscaglia

Cómo no hacer un clásico
Por Egon Friedler

 

“Romeo y Julieta”  – de William Shakespeare – Versión de Horacio Buscaglia – Adaptación y dirección de Marisa Bentancur – Con la actuación de Claudio Lachowicz, Guadalupe Pimienta, Anael Bazterrica, Pablo Pipolo, Federico Guerra, Federico Pereyra, Valentín Abitante – Escenografía de Adán Torres y Diego Cáceres – Vestuario: Verónica Lagomarsino – Iluminación: Martín Blanchet – Música y canto: Alfredo Leirós – Dirección general y puesta en escena de Marisa Bentancur – En el Teatro “El Galpón”

 

No vi la puesta original de Horacio Buscaglia, pero esta versión de la que es quizás la obra de teatro clásica más popular en todo el mundo, me induce a creer que la decisión de Marisa Bentancur de utilizarla como base de su propia adaptación, fue una muy mala idea. Más que una síntesis de la famosa historia parece una versión pobremente reducida que parece hecha a las apuradas, con la intención de llegar a un público poco exigente. La puesta se basa en un mini-escenario rodante de dos pisos con varias puertas que se abren y se cierran de acuerdo a las necesidades de la acción escénica. Si bien el carromato ahorra soluciones escenográficas más complejas para la escena del galpón y la de la alcoba de Julieta, empobrece todo el marco escenográfico en el que se desarrolla la historia y por lo tanto minimiza la trama y le quita auténtica tensión emocional.

No tengo muy claro si es el uso de los micrófonos lo que empobrece la forma en que los actores dicen el texto o si su recitado obedece a precisas instrucciones de la directora. De cualquier manera, no convence ni cuando parece demasiado exasperado ni cuando se caracteriza por una falsa naturalidad. Quizás lo mejor de esta discutida y discutible puesta esté en detalles de la acción, como en el bien coreografiado duelo entre Romeo y Mercurio, y lo peor esté en los momentos más comprometidos del texto, como la versión amanerada y de mal gusto del monólogo de la Reina Mab a cargo de Mercurio (Pablo Pipolo).

Sin duda, hay en el texto sugerencias de procacidad que pueden ser discretamente marcadas en la versión. Pero aquí hay una evidente exageración. La Ama se convierte en una especie de Madame Eros, cuyas andanzas parecen ocupar un lugar más importante que la pasión de los inmortales amantes. Paradójicamente, Anael Bazterrica, como el Ama fue la más destacada integrante del elenco y la única que supo insuflar verdadera vitalidad y convicción a su rol. Claudio Lachowicz y Guadalupe Pimienta, como la pareja de los desdichados amantes, no lograron ir más allá de una pálida corrección. Les faltó autenticidad, carácter, pasión, profunda entrega emocional. Aún menos destacable fue el desempeño del resto del elenco comenzando por el Tybaldo de Federico Guerra y terminando por el Capuleto y Fray Lorenzo de Federico Pereyra.

Aún técnicos que suelen ser muy eficientes estuvieron por debajo de su nivel habitual. Por ejemplo, la música de Alfredo Leirós pareció muy poco inspirada mientras las luces de Martín Blanchet estuvieron lejos de tener el poder de sugestión de la mayoría de sus trabajos. Particularmente poco feliz pareció el trabajo de vestuario de Verónica Lagomarsino. Basta citar un solo detalle al respecto : la indumentaria del pobre Romeo. Más que un noble, pareció un criado espantosamente mal vestido.

En síntesis, la enseñanza que nos deja esta fallida versión de la inmortal tragedia de Shakespeare es cómo no debe hacerse un clásico.
 

Egon Friedler

Semanario Hebreo

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