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“Roberto Zucco”
- Bernard Marie Koltès – Traducción de Carla Matteini – Dirección : Alfredo Goldstein – Con la actuación de Leandro Nuñez, Isabel Legarra, Victoria Céspedes, Alejandra Wolf, Miguel Pinto, Fabricio Galbiati, Cristina Machado, Lucio Hernández, Catherina Pascale, Andrea Davidovics, Levón, Cecilia Sánchez, Federico Guerra, Oscar Serra, Miguel Pinto, Pablo Varrailhon – Escenografía y vestuario: Hugo Millán – Luces: Juan José Ferragut – Coreografía: María Inés Dantés – Música original y dirección musical: Fernando Ulivi – En el Teatro Solís, junio 19.
Bernard Marie Koltès, de quien se afirma que es el autor francés más representado en el mundo en la actualidad, murió de SIDA en 1989 a los 41 años. Su última pieza escrita en 1988 y estrenada en Berlín por Peter Stein es precisamente esta “Roberto Zucco” que evoca, más de lo que narra, la vida de un asesino serial, cuyas motivaciones para la violencia nunca son reveladas.
Es bastante irónico que un teatro oficial ponga en escena lo que es una especie de apología de la criminalidad en la cual el héroe es un personaje totalmente amoral. Pero lo que explica el atractivo de este teatro es la habilidad con que está escrito. Construido en torno a pequeñas escenas, independientes, pero ligadas entre sí, es de una notable intensidad dramática y brinda oportunidades magníficas para toda clase de despliegues escénicos.
Alfredo Goldstein explotó esas oportunidades con una puesta en escena opulenta, una escenografía simbólica y al mismo tiempo muy funcional de Hugo Millán, un formidable trabajo luminotécnico de Juan José Ferragut y el uso de una percusión rítmica y un coro mudo y movedizo, que le imprimió a la puesta una considerable agilidad. Asimismo merecen destacarse la excelente elección del elenco y la fluidez de la acción escénica. Pero también hay aspectos objetables en el trabajo de dirección como el uso gratuito de desnudos totales, el amaneramiento marcado a algunos personajes como el borracho de Miguel Pinto o la prostituta enloquecida que hace Andrea Davidovics y el uso de un lenguaje susurrado en algunas escenas que no pudo oírse en distintos lugares del teatro.
Pero en total, más allá de lo discutible del mensaje nihilista del autor y de algunos enfoques de la puesta, la versión logra conservar la intensidad del texto y propone una experiencia teatral atrayente y muy rica en sugestión visual.
Por lo demás, Alfredo Goldstein, tiene la oportunidad de trabajar con un elenco de lujo como lo es el de la Comedia Nacional y sabe aprovechar la oportunidad.
Leandro Nuñez es un protagonista vital y al mismo tiempo enigmático, ágil y activo pero en ocasiones extrañamente abúlico, violento y circunstancialmente alienado del mundo real. Isabel Legarra imprime al rol de la madre una adecuada mezcla de ternura y rechazo por su hijo problemático y se desempeña de manera igualmente convincente en otros roles menores. Victoria Céspedes interpreta el rol de la niña con toda la carga de rebeldía, sensualidad e ingenuidad que debe tener su personaje. Alejandra Wolff , como la hermana que vive a través de la experiencia vital de su hermana menor, está muy convincente y Fabricio Galbiati se desempeña con similar convicción en el papel del hermano brutal y canallesco. Del resto del elenco cabe destacar a Levón que se desempeña con idéntica eficacia en los tres roles a su cargo (Viejo, cura y comisario), Elisa Contreras, que da el adecuado aire de desfachatez a su rol de señora poco convencional y Oscar Serra que se lleva el título de integrante más versátil del elenco al interpretar cinco roles diferentes.
Quien quiera ver un gran espectáculo a cargo del elenco más importante del país (al margen de su contenido) no saldrá defraudado. |