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“Plaza Suite” - de Neil Simon

El amor: eterno enredo
Por Egon Friedler

 

“Plaza Suite”  - de Neil Simon – Con dirección de Elena Zuasti y actuación de Verónica Caissiols, Sergio Pereira, Verónica E. Acosta, Álvaro Armand Ugon, Victoria Rodríguez, Adriana da Silva, Ignacio Cardozo, Nicolás Baladán y Natalia Agra – Escenografía: Osvaldo Reyno – Selección de vestuario: Ignacio Cardozo - Música incidental: Carlos García - Producción: Alejandra e Isaac Mejlovitz – En el Teatro de la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos.

Esta exitosa pieza, que fue estrenada en los Estados Unidos en 1968, ha resistido gallardamente el paso del tiempo. Los diálogos de ese hombre de teatro visceral que es Neil Simon, mantienen plenamente su agudeza y su chispeante sentido del humor. La acción teatral es igualmente eficaz. Aunque roza hábilmente con el absurdo, se mantiene en un marco realista muy creíble, que le otorga credibilidad y permite la identificación del espectador.

“Plaza Suite” en realidad reúne tres piezas en un acto totalmente independientes, cuyo nexo de unión es el mismo escenario : una habitación de un hotel de lujo neoyorquino.

En el primer episodio, una pareja madura, por iniciativa de la mujer, se reúne para celebrar los 25 años de casados en la misma habitación de hotel en la que ambos celebraron su luna de miel. Pero, aunque la mujer quiere avivar el fuego que unió años atrás a su matrimonio, el hombre tiene otra clase de preocupaciones. La historia más agria que dulce, es endulzada por el eficaz edulcorante del humor.

En el segundo episodio, un exitoso productor de Hollywood, de visita en Nueva York, invita a una ex novia del colegio secundario a su hotel, con la presunta intención de “rememorar viejos tiempos”. La ex, convertida en una ama de casa suburbana con tres hijos y un marido aburrido, está deslumbrada por el mundo de gente célebre y vida fastuosa en la meca del cine y devora las revistas de chismes. La invitación es para ella una oportunidad de acercarse al mundo de sus sueños. En cambio, para él, el encuentro es apenas la oportunidad de una aventura fácil. La gracia de la historia radica en que ni él es el avasallante seductor que pretende ser ni ella es la ingenua mosquita muerta que aparenta. 

El tercer episodio es el de mayor impacto por su comicidad. Una novia se encierra en el baño antes de la ceremonia nupcial, los invitados esperan, las agujas del reloj avanzan implacablemente y nada parece sacar a la joven de su aparente ataque de pánico. La diversión radica en los extravagantes recursos que utilizan sus padres para evitar el escándalo, la vergüenza y la dilapidación de la abultada suma de dinero que cuesta la fiesta. 

Elena Zuasti dirige la comedia con mano maestra. Los efectos de humor están hábilmente orquestados y cada uno de los tres episodios tiene su carácter y su ritmo escénico propios. Asimismo es un gran acierto la elección del elenco.

En la historia de la celebración fallida, Verónica Caissiols es una esposa fogosa e insistente, frente a un Sergio Pereira, que encarna con admirable naturalidad al típico marido “casado con su oficina” y harto de su matrimonio.

En el episodio del “huésped de Hollywood”, Alvaro Armand Ugón interpreta con solvencia y desenfado al exitoso productor cinematográfico en busca de aventuras mientras Victoria Rodríguez realiza un trabajo de singular sutileza al poner en evidencia las contradictorias actitudes de la virtuosa ama de casa que no lo es tanto. Si Armand Ugón, que el año pasado interpretó un Hamlet formidable, se luce por su ductilidad que le permite transitar con comodidad los géneros más diferentes, Victoria Rodríguez impresiona por su extraordinario instinto teatral que le permite dar convincente vida escénica a un personaje nada fácil de interpretar. Cuesta creer que Rodríguez no es egresada de ninguna academia dramática ni hizo estudios de actuación de ningún tipo.

Por último, Adriana da Silva e Ignacio (“Nacho”) Cardozo completan con impecable acierto el sexteto protagónico. En particular, Nacho saca un admirable partido a un rol divertido que le permite un amplio lucimiento. Corre de un lado a otro del escenario, trata de ser paciente y razonable, se enoja y enloquece de ira, se decide por cualquier medida descabellada con tal de ese insólito atolladero en que se ve metido por la insólita obstinación de su hija. No menos ocurrente es el desempeño de Ileana da Silva como la madre desconcertada que trata de encontrar explicación a lo inexplicable.

A la labor del sexteto protagónico, cabe sumar el convincente desempeño de Nicolás Baladán y Natalia Agra en roles complementarios y el no menos eficaz trabajo de los responsables de los rubros de ambientación como Osvaldo Reyno en la escenografía e Ignacio Cardozo en la selección del vestuario.

Esta renovada versión de “Plaza Suite” tiene todos los ingredientes necesarios para ser un éxito. Quien pretenda apostar en contra lleva las de perder.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 22 de abril 2010

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