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“Pedro y el capitán”
- de Mario Benedetti – Con la actuación de Yamandú Barrios Brochado y Germán Weinberg – Adaptación y dirección de Juan Sebastián Peralta – En el Museo Torres García.
Un colega que entrevistó a Mario Benedetti recuerda que el escritor uruguayo recientemente fallecido admitió que no escribía bien para el teatro. Ese juicio es enteramente confiable, ya que Benedetti fue un excelente crítico de teatro y durante años estuvo a cargo de esa función en el diario “La Mañana”.
No es sorprendente entonces que el juicio negativo sobre “Pedro y el capitán” se vea confirmado por esta nueva versión, que vuelve a demostrar que se trata de una obra desmedidamente extensa, retórica y panfletaria.
Su tema es la confrontación entre un glorioso “subversivo” y su miserable torturador, que interpreta el rol equívoco de “policía bueno” mientras sus compañeros hacen el “trabajo sucio”. Naturalmente gana el héroe en toda la línea pese a quedar físicamente maltrecho y el “malo” es el gran perdedor en esa dura confrontación de voluntades.
Pero pese a sus excesos verbales, la pieza brinda una nada despreciable oportunidad para el lucimiento de dos actores y sobre todo, Germán Weinberg lo aprovecha muy bien encarnando con gran solvencia y credibilidad a un personaje violento e iracundo que debe contenerse para cumplir con su cometido profesional de arrancar una confesión a su víctima.
Menos convincente está Yamandú Barrios Brochado como guerrillero “vencido pero vencedor”. Le falta la sofisticación actoral necesaria para imprimir convicción escénica a un rol penosamente esquemático.
El movimiento escénico, responsabilidad del director y adaptador Juan Sebastián Peralta, está bien pensado y manejado. Pero en un balance general el espectáculo es pobre debido al carácter endeble del texto. |