“Padre Gino” (La balada de los tres inocentes) - de Pedro Mario Herrero

Divertida comedia de enredos
Por Egon Friedler

“Padre Gino” (La balada de los tres inocentes) - de Pedro Mario Herrero – Dirección de Marcelino Duffau – Con la actuación de Franklin Rodríguez, Adhemar Rubbo, Sergio Chaparro, Lucía Sommer, Mercedes Pallares, Christian Zagia y Roberto Allidi – Escenografía : Raúl Acosta – Música : Gustavo Goldman – Iluminación : Emede - En “Espacio Teatro”, Mercedes 865, tel. 9000316.

 

El autor teatral y guionista de cine español Pedro María Herrero fallecido en 2006 tenía una notable inventiva cómica, de la que es una muestra cabal esta comedia de enredos. Su obra trata de los problemas en que se ve envuelto un cura de pueblo en una agitada celebración de Semana Santa. No se trata por supuesto de un cura común, sino de un personaje muy conflictivo y contradictorio. Es joven y al mismo tiempo muy conservador, es un fanático del ejercicio físico pero es indiferente a los problemas de su entorno, es tiránico y de mal carácter pero se cree un dechado de virtudes. Accionando los resortes de la comedia una avalancha de problemas le cae encima cuando menos se los espera. Sucesivamente se encuentra con un cadáver inesperado en un lugar inesperado, con la transformación insólita de su casta y tímida hermana, que resulta no ser ni tan casta ni tan tímida, con las vehementes veleidades eróticas de su madre, que es la única persona del pueblo que viaja a la ciudad a ver a un sicólogo, con la imprevista vida secreta de su mejor amigo, el comisario del pueblo, y para coronar todo este menú de confusiones, la visita en el momento más inoportuno de su obispo. La enredada trama, trasladada de un pueblito español a la localidad uruguaya de Tarariras (departamento de Colonia) funciona impecablemente con una mecánica teatral cuidadosamente armada por el director Marcelino Duffau y provoca cataratas de risas en el público.

Por lo demás, el elenco no tiene flancos débiles. En el rol protagónico, Franklin Rodríguez compone a su cura impetuoso y simplote con el entusiasmo frenético de un productor serial de situaciones absurdas. Lucía Sommer, la apocada y llorosa muchachita del comienzo pasa con rapidez asombrosa de la neurastenia a una vitalidad sorprendente en el momento crítico. Sergio Chaparro sabe poner convincentemente en evidencia su pintoresca falta de autoridad como representante de la autoridad pública. Pero quizás la actuación más disfrutable sea la de Adhemar Rubbo como obispo que no sabe cómo interpretar hechos demasiado insólitos que suceden en la extraña parroquia del padre Gino. Sus reacciones de incredulidad y sorpresa son notables hallazgos cómicos de un comediante avezado en un rol que parece hecho para él. Mercedes Pallares sabe dar la adecuada dosis de ridiculez a su personaje de madre juvenil y fogosa, con chispazos de locura mística. El elenco se complementa con Christian Zagia como policía ausente que al fin resulta estar demasiado presente y Roberto Allidi como político dispuesto a arreglar lo que no tiene arreglo. 

Obviamente solo podrá gozar plenamente del espectáculo el espectador precavido dispuesto a darle vacaciones veraniegas a la lógica. Pero quien sepa hacerlo debidamente, celebrará su ausencia con largas e irreprimibles carcajadas.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 31 enero 2008

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