"Oximoron: viviendo tu muerte" de Sabrina Speranza y Cristina Velázquez

Jóvenes valores (1)
Por Egon Friedler

"Oximoron: viviendo tu muerte" de Sabrina Speranza y Cristina Velázquez – Dirección . Alejandro Dutra – Con Sabrina Speranza, Cristina Velázquez y Horacio Lapuriz – En el Teatro del Mercado, noviembre 11

 

“Oximoron” cuenta dos historias trágicas a través de sendos monólogos : el de un homosexual reprimido y el de una joven mojigata y frustrada. Ambos son oficinistas y ambos terminan muy mal. Asimismo tienen de común el de haber sido educados por padres religiosos, estrictos y represivos. Las historias son independientes pero están ligadas por un pobrísimo hilo conductor que consiste por una parte, en mostrar (durante demasiado tiempo) a ambos haciendo silenciosamente trabajos burocráticos y por otra, en incluir en la historia a un untuoso presentador que hace preguntas torpes e innecesarias al público y explica lo que no debe ser explicado.

Pero al margen de este desliz de principiantes de las autoras, los dos monólogos tienen intensidad y están convincentemente armados. La situación patética del joven homosexual forzado por su padre a visitar a una prostituta para debutar sexualmente, está planteada con la debida carga de angustia, de desamparo y de alienación. Cristina Velázquez sabe dar la frágil masculinidad de su desvalido personaje con singular entrega emotiva, aunque por momentos se excede en la exteriorización de sus miedos. De todos modos, es una actuación interesante de una joven actriz y dramaturga promisoria. Aún más rica en matices es la actuación de Sabrina Speranza, que encarna a la joven torpe, timorata y aferrada a una religión duramente represiva, que termina siendo asesina y suicida involuntaria. Speranza sabe dar tanto la faceta “humilde” de su personaje que en todo momento se remite a su aparentemente férrea moral como su feroz odio al mundo frustrante que la rodea. Su actuación logra marcar sutilmente las facetas ridículas del personaje así como su sinuosa maldad. Asimismo cabe marcar los acertados juegos de contrastes en su texto.

En total (al margen del hecho de estar muy mal hilvanados) ambos monólogos constituyen una interesante presentación de dos jóvenes valores cuya trayectoria convendrá seguir con atención.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 16 de noviembre de 2006

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