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“Opera
do malandro”
– de Chico Buarque – Dirección: Omar Varela – Dirección musical de Carlos
García y Martín Brizolara – Con la actuación de Coco Echagüe, Elena
Brancatti, Juan A.Saraví, Nacho Cardozo, María Noel Clcaterra, Nelson
Burgos, Rosita Freiría, Nicolas Baladan, Yesica Agustoni, Leonardo
Franco, Verónica E.Acosta, Santiago Duarte, Matias Cabanelas, Mariana
Escobar, Silvia Rivero, Lucía Pereira de Souza, Laura Martinelli,
Gabriel Modernell y Avo Pérez – Iluminación: Martín Blanchet – Vestuario
: Nelson Mancebo – En el Teatro del Anglo
¿Si la más exitosa obra de Berthold Brecht
con música de Kurt Weill solo es una “Ópera de tres centavos” cuántos
centavos vale su notoria imitación-homenaje: la “Ópera do malandro” de
Chico Buarque? Naturalmente esta pregunta retórica no tiene respuesta.
Su planteo solo trata de recalcar hasta qué punto la obra brasilera
tiene una profunda deuda con la célebre obra de Brecht-Weill y con la
obra que la inspirara, “La ópera del mendigo” de John Gay, escrita en
1728. El propio músico y dramaturgo brasilero lo reconoció
explícitamente: “Nuestro trabajo tiene la estructura de la pieza de Gay
y el enfoque crítico de Brecht, pero es esencialmente brasilera. Si Gay
escribió sobre el barrio de la basura de Londres y sobre la sociedad
victoriana inglesa del siglo XVIII, lo que se ve en la escena es el
barrio del Lapa, sus burdeles, sus usureros, sus contrabandistas, sus
policías corruptos, sus empresarios inescrupulosos”
Chico Buarque la escribió en 1978, pero está ambientada en el Río de
Janeiro de la década del cuarenta del siglo pasado y su trama se centra
en la enemistad del comerciante y dueño de burdeles Durán y el
contrabandista Max, un antagonismo que se agudiza cuando la propia hija
del primero se casa en secreto con su archirival. Hay otros personajes
que giran en torno a los principales: la esposa de Durán con sus
frustrados sueños de respetabilidad, un homosexual que juega a dos
puntas, el cínico comisario de policía, un matón que se pasa de bando,
pero sobre todo importa el cuerpo de baile conformado con las amables
“funcionarias” de los prostíbulos de Durán y los elegantes compinches de
Max.
La dirección de Omar Varela, apuntalada por Carlos García y Martín
Brizolara en la dirección musical y por Nacho Cardozo en la
coreográfica, apuesta sobre todo al “show” y cabe reconocer que éste
funciona con meritoria eficacia, más en los bailes que en la parte
cantada.
Pero indudablemente el éxito del teatro musical depende en buena medida
del lujo y la imaginación de la escenografía y el vestuario, y en esta
versión ( obviamente por muy comprensibles razones económicas) solo hubo
un gran despliegue en el segundo rubro, que estuvo a cargo del
merecidamente aclamado Nelson Mancebo.
Como siempre en sus puestas en escena, Omar Varela supo elegir muy bien
a sus colaboradores y obtuvo de ellos un excelente rendimiento
artístico. Coco Echagüe dio un atractivo señorío a su personaje
simpático-antipático de jefe contrabandista. Juan Antonio Saraví remarcó
hábilmente los rasgos caricaturescos de su pillo redomado con
pretensiones de honorabilidad. Elena Brancatti, como su hipócrita y snob
esposa, encaró su personaje de manera igualmente contundente. María Noel
Calcaterra, como la hija rebelde del empresario prostibulario, sumó a su
desenvoltura teatral, un muy buen desempeño musical. Nelson Burgos
aportó su presencia segura y dominante al rol del policía corrupto
mientras Nacho Cardozo, como es habitual en él, lució su histrionismo,
tanto en el plano teatral como en el coreográfico.
Pero sin duda, el espectáculo hubiera tenido mucho menos brillo, sin el
espléndido vestuario de Nelson Mancebo, que sin duda estuvo al nivel de
las grandes producciones en capitales del Primer Mundo, en las que nadie
mide los gastos.
Los aficionados al género musical que suelen ver esta clase de
espectáculos cuando viajan al extranjero, tienen una ocasión de
disfrutar de una buena versión de un clásico latino-americano del
género, sin tener que gastar en pasajes, ni hacer valijas, ni someterse
a las a veces no tan agradables vicisitudes de los viajes aéreos.. |