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“Mi madre, Serrat y yo” - de Carlos de Matteis

Doble show
Por Egon Friedler

 

“Mi madre, Serrat y yo”  - de Carlos de Matteis – Con actuación de Cristina Morán y Lucía Sommer - Acompañamiento de guitarra: Luciano Gallardo – Escenografía y vestuario: Victoria R. Bruzzone – Dirección: Franklin Rodríguez.

Este espectáculo propone dos shows en uno: Lucía Sommer ofrece un recital de canciones de Joan Manuel Serrat con acompañamiento de guitarra a cargo de Luciano Gallardo, y la misma actriz-cantante y Cristina Morán representan una pieza más bien almibarada sobre los altibajos en las relaciones de una madre y su hija.

La parte musical de la velada, de buen nivel, probablemente conformará a los admiradores de Serrat, al menos a los no demasiado puristas ni fanáticos. En lo que respecta a la parte estrictamente teatral del espectáculo cabe suponer que los entusiasmos se verán bastante atenuados. Esto no se debe al desempeño de ambas actrices, sino a lo anodino de la pieza de Carlos de Matteis, que está ambientada en un confortable exilio madrileño y trata del retorno de una hija a casa de su madre luego del fracaso de su matrimonio.

La historia, contada en clave de nostalgia y narrada cuando ya no hay drama porque una de sus protagonistas ya no se cuenta entre los vivos y la situación conflictiva quedó sumergida en el pasado, no es tomada lo suficientemente en serio como para interesar al espectador. En cambio, brinda un excelente vehículo de lucimiento a las actrices y muy particularmente a quien encarna el rol de la madre. Decir que Cristina Morán se deleita con el aprovechamiento de esta oportunidad es quedarse corto. Su madre locuaz, temperamental, abusiva, impulsiva, descontrolada y sensatamente insensata, es una formidable creación, que muy previsiblemente arranca cataratas de aplausos al final de la función. En cambio, el rol de Lucía Sommer, de joven desorientada, llorosa y crónicamente desdichada, no es lo que le queda mejor, por más que lo resuelve con impecable profesionalismo.

En resumen, cabe admitir que a pesar de sus limitaciones, el espectáculo tiene suficientes atractivos como para llevar al teatro a un sector de público que verá en esta pieza un agradable entretenimiento veraniego.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 28 enero 2010

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