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“Maté a un tipo” - de Daniel Dalmaroni

Pésima costumbre
Por Egon Friedler

 

“Maté a un tipo”  - de Daniel Dalmaroni – Con la actuación de Alicia Alfonso, Héctor Guido, Victoria Céspedes y Arturo Fleitas – Con dirección de Alfredo Goldstein – En la Sala Atahualpa de “El Galpón”.

El célebre escritor satírico británico Thomas de Quincey (1785-1859) cuenta en su ensayo “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” de la existencia de una “Sociedad de conocedores del asesinato” que solía reunirse cada vez que se producía un asesinato de cierta resonancia para criticarlo como harían con un cuadro, una estatua u otra obra de arte. De Quincey explicaba que “La composición de un buen asesinato exige algo más que un par de idiotas que matan o mueren, un cuchillo, una bolsa y un callejón oscuro. El diseño, la disposición del grupo, la luz y la sombra, la poesía, el sentimiento, se consideran hoy indispensables en intentos de esa naturaleza”.

Obviamente, Ernesto, el protagonista de la pieza del argentino Daniel Dalmaroni no podría ser incluido en la exigente categoría de estetas del crimen definida por la “Sociedad” de la que habla el escritor británico. Pero por algo, de Quincey advirtió también que “Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia y de esto pasa la negligencia de los buenos modales y al abandono de sus deberes”.

Esto es visiblemente lo que sucede con el personaje archi-convencional de Dalmaroni. Es un padre de familia corriente y bastante vulgar, en quién la vocación de matar al prójimo surge de manera tardía y casual. Su imperiosa manía de precipitar el viaje al otro mundo de sus semejantes carece de la más mínima chispa de inspiración artística. De Quincey bostezaría ante este caso tan poco inspirado de conversión del crimen en una pésima costumbre.

Claro, el chiste de Dalmaroni consiste en contarnos cómo la conducta poco convencional de su personaje influye en su pequeña familia integrada por su esposa y su hija adolescente. E influye mucho, ya que las buenas costumbres, bendecidas por la ética convencional, siguen teniendo más aceptación que las malas y aunque el bueno de Ernesto conquista fácilmente la amable complicidad de su mujer tiene mucho más dificultad con su hija, que resulta ser mucho más impresionable. 

Muy previsiblemente, no sucede en la pieza nada imprevisible. Su autor puede estar satisfecho de que De Quincey haya fallecido hace un siglo y medio, por lo cual no podrá ver la pieza ni censurarla. 

Sin embargo, a espectadores contemporáneos poco sofisticados en materia de estética criminal, “Maté a un tipo” les puede resultar un pasatiempo muy divertido. Es el viejo juego de lo insólito insertado insólitamente en la normalidad y de manera muy legítima provoca unas cuantas carcajadas genuinas.

A pesar de que reconocemos que la dirección de Alfredo Goldstein es ágil y aprovecha muy bien la vena humorística de Dalmaroni, corresponde señalar que tenemos por lo menos dos diferencias con su enfoque de la puesta : 1) Hubiéramos preferido un sico-analista más sutil y menos caricaturesco que el marcado por el director a Arturo Fleitas 2) Creemos que hubiera sido preferible una música de fondo irónica a un percusionista en vivo.

Pero al margen de estas reservas, el cuarteto de actores está muy bien. El Ernesto de Héctor Guido interpreta de manera convincente a su volcán humano siempre al borde de la erupción ; Alicia Alfonso da con gran naturalidad el rol de la esposa frívola, charlatana y de precarios principios morales; Victoria Céspedes encarna con solvencia a la adolescente sensata en una familia decididamente insensata ; y, si aceptamos el enfoque de la dirección, Arturo Fleitas, compone a un sico-analista razonablemente chiflado.

En conclusión, resulta legítimo creer que más de un espectador convocado por el provocativo título de la pieza, podrá comprobar que si un crimen en el teatro es un hecho dramático, los asesinatos seriales pueden ser un buen chiste. 

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 26 de noviembre 2009

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