|
“Maluco”
– de Napoleón Baccino, adaptación de Leonor Chavarria, Cludia Sánchez,
Fernando Dianes, Santiago Sanguinetti y Héctor Manuel Vidal – Elenco
integrado por Leonor Chavarria, Fernando Dianesi y Santiago Sanguinetti
– Dirección general: Héctor Manuel Vidal – Escenografía, iluminación e
imágenes: Claudia Sánchez – Vestuario: Soledad Capurro – Música:
Fernando Ulivi – En el Teatro del Notariado, enero 8
A raíz del éxito de “Gatomaquia” un
espectáculo en el que Héctor Manuel Vidal realizó la hazaña de adaptar
para el teatro un texto poético humorístico de Lope de Vega, el
imaginativo director uruguayo intentó una empresa no menos difícil:
adaptar para el teatro una novela histórica, la exitosa “Maluco” de
Napoleón Baccino que obtuvo múltiples premios internacionales y fue
traducida a diez idiomas, algo nada frecuente para la producción
literaria local.
En esa tarea cabe distinguir dos aspectos: la elección de los textos y
el diseño escénico. En la primera de ambas tareas Héctor Manuel Vidal
contó con la colaboración de sus tres actores y la directora técnica
Claudia Sánchez, en la segunda, la responsabilidad fue solo del
director. No es fácil discernir si lo que resultó poco convincente fue
la elección de los textos o su armado para la escena, pero evidentemente
la versión de la novela de Baccino no tuvo verdadera vida como
testimonio de un personaje, de una época y de acontecimientos históricos
relevantes. Le faltó la consistencia de una trama orgánica y de una
definida lógica dramática. En cambio, funcionó bien como ilustración de
una época y de un importante acontecimiento histórico con sus luces y
sus sombras. Pero sobre todo fue un espectáculo diseñado con un
profesionalismo ejemplar, en el que ni el menor gesto de cada uno de los
tres actores escapó a la inteligencia creativa del director. El
accidentado viaje en el que Magallanes descubrió el estrecho que más
tarde llevaría su nombre, fue evocado por medio del recitado, el
diálogo, el canto, el baile y una cambiante disposición de los actores
en el escenario, con una muy variada coreografía escénica y
naturalmente, con los tres actores cambiando constantemente de roles.
Por lo demás, el trío tuvo una ejemplar flexibilidad y se adaptó sin
problemas al siempre atrayente y sugestivo marcado escénico del
director. Leonor Chavarria, sobre quien recayó el más circense de los
tres roles, hizo gala de una formidable ductilidad tanto en el manejo de
su voz como en su siempre movediza presencia escénica. Fernando Dianesi
fue un narrador locuaz y apasionado (notable en el espléndido monólogo
sobre el hambre) mientras Santiago Sanguinetti dio una lección de
admirable versatilidad interpretando tanto al lacónico comandante
Magallanes como a la burlesca encarnación de la muerte. Dicho sea de
paso, esa evocación de la muerte fue quizás el momento más logrado de
toda la puesta.
Si Héctor Manuel Vidal supo encontrar los intérpretes adecuados y lograr
con ellos un formidable trabajo de equipo no tuvo menos puntería en lo
referente a sus colaboradores técnicos. El hermoso vestuario de Soledad
Capurro dio un vivo colorido al espectáculo y la iluminación de Claudia
Sánchez supo realzarlo, mientras Fernando Ulivi aportó una breve pero
sugestiva parte musical.
No es sin duda un espectáculo para todos los públicos y como argumento
para la puesta en escena de novelas históricas (aún de la categoría
“nueva novela histórica” inconformista y nada lineal, como en este caso)
resulta muy débil. Pero para los amantes del teatro a ultranza, el
trabajo del director y de sus tres actores, constituye toda una lección
de profesionalismo y de creatividad imperdible. |