"Mal de amores" de Angeles Mastretta

"Buenísmo" a la mejicana
Por Egon Friedler

"Mal de amores" de Angeles Mastretta - Versión y dirección de Fernando Pignolo - Elenco integrado por Alejandra Cortazzo, Fabina Costenla, Daniel Bello, Cristina Velázquez, Nelson González, Sabrina Speranza y Fernando Pignolo - En el Teatro del Mercado, mayo 13

Mafalda, la inmortal creación de Quino, opinó muy sensatamente que la bondad no suele ser compatible con la política. Eso queda comprobado a su juicio porque no hay ningún partido "buenista" que agrupe a los buenos. 

Pero la pobre Mafalda no podía estar enterada de que el "buenismo" abunda en la literatura, el cine, el teatro y hasta en el plano de las ideas. 

Por ejemplo, a juzgar por la adaptación teatral de Fernando Pignolo (confieso que nunca leí ninguna novela de Ángeles Mastretta) hay una autora mejicana buenista, totalmente devota de lo que ahora se ha dado en llamar la corrección política. Todos sus personajes son buenos y están enfrentados a los malos de turno, que ubicados a comienzos del siglo XX en México, son los partidarios del dictador Porfirio Díaz. Es cierto que de tanto en tanto el esquema chirria un poco porque el principal bueno de ese tiempo, Francisco Madero, tiene algún momento en que es malo. Pero ésto no impide que el héroe de la historia, dedicado en alma y vida a las causas revolucionarias que en México fueron muchas y bastante cambiantes, encaje bastante dentro del ideal "buenista" de Mafalda. Siempre es justo, idealista y devoto de la felicidad del pueblo mexicano. Pero para que las cosas no sean demasiado simples, la heroína no está nada de acuerdo con sus frecuentes e imprescindibles desapariciones y después de muchas idas y venidas encuentra la fórmula dorada : se casa con otro "buenista" pero mucho más tranquilo y tiene tres hijos con él, lo que no le impide seguir manteniendo relaciones muy íntimas con su prófugo crónico, que de acuerdo a sus buenas costumbres, siempre reaparece.

Esta modesta historia de feliz bigamia institucionalizada, presumiblemente es muy amena en el libro porque también lo es en esta adaptación escénica, que tiene sus chispazos de gracia y de humor. 

Sin embargo, es necesario advertir que el almíbar que destila la historia puede resultar algo empalagoso por más que esté hábilmente dosificado. 

Fernando Pignolo demuestra ser un director competente al lograr dar agilidad y variedad a una historia en la que pasan muchas cosas pero muy repetidas. También lo es el elenco que se desempeña sin excesos y gran naturalidad. Todo está muy bien dosificado : la vehemencia del héroe revolucionario (Nelson González) y la prudencia de su rival, que además tiene el prestigioso título de médico (Fernando Pignolo), el conservadorismo de la madre (Josefa Veytia) y la pasión liberal del padre ( Diego Sauri), la impetuosidad de la tía (Cristina Velázquez) y la inocente tilinguería de la amiga que se casa con el ricachón (Sabrina Speranza). Pero sobre todo se destaca la protagonista Alejandra Cortazzo, que con su sonrisa encantadora, logra hacer llevaderos los cuernos a sus dos hombres. Es cierto que en algún momento da la impresión de exagerar con este recurso impagable, pero en total su derroche de simpatía domina legítimamente la escena.

No es necesario ser adivino o vidente para pronosticar que la pieza va a atraer mucho más al público femenino que al masculino.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 18 de mayo de 2006

Ir a índice de ensayo

Ir a índice de Friedler,  Egon

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio