"Luna Roja" de Gabriel Peveroni

Perdidos en una pesadilla
Por Egon Friedler

"Luna Roja" de Gabriel Peveroni - Con Natalia Garrido, Alejandro Gayvoronsky, Enrico Greco, María José Lage, Elena Pedemonte, Jimena Prates, Virginia Rossi, Gabriela Vázquez, Nicolás Suarez y Adrián Prego - Escenografía : Claudio Goeckler - Vestuario : Felipe Maqueira - Banda sonora : Alfredo Leirós - Dirección General : María Dodera - En la Sala 2 del Teatro Stella, agosto 3.

Los personajes de "Luna roja" cantan varias veces la canción infantil "Antón pirulero" que proclama que cada uno debe hacer su juego. Y efectivamente cada uno hace su juego, es decir, grita su angustia a su manera. Son los personajes de una pesadilla infantil, perdidos en un mundo circense o de cuento de hadas y de brujas, o de horror ante el mundo adulto. Se reúnen presuntamente para celebrar los 17 años de uno de ellos, Fiona, una chica que curiosamente siempre cumple 17 años. No es la única obsesionada con los 17 años. A cada uno de los personajes le pasó algo importante a los 17 años. ¿ Porqué esa edad precisamente? Al parecer porque es la puerta entrada a la temida adultez. También la luna roja, otra de las obsesiones de los personajes, parece tener que ver con ese mundo adulto tan temido. Pero también podría simbolizar la sangre, el sufrimiento, el amor, lo imposible (como la luna que quería tener Calígula en la obra de Albert Camus). 

La fuerza y la debilidad de la obra radica en que permite las más variadas y dispares interpretaciones. Como dice uno de los personajes : "No hay historia.Jamás la hubo". La pieza por lo tanto es un juego con infinitas ambigüedades. ¿ Hasta que punto funcionan? Este es un punto discutible. Igualmente discutible es la concepción de la obra que carece de la dimensión poética capaz de darle sentido a todo este deliberado sinsentido. Desde mi óptica, tanto los personajes como su mundo onírico son efectistas y carecen de verdadera riqueza simbólica. En total, da la impresión de que detrás de esta turbulenta agitación en torno a conflictos indefinidos, no hay mucho más que un hábil pero en definitiva vacío chisporroteo verbal. 

Pero si el trabajo del autor no termina por convencer, la directora merece un juicio totalmente diferente. Con un vestuario de cuento infantil ideado con indiscutible imaginación y talento, por Felipe Maqueira, un frenético movimiento escénico en el que se aprovecha cada centímetro del reducido espacio de la Sala II, María Dodera logra que la conflictiva relación de los personajes entre sí termine por seducir al espectador. Aún los momentos más calmos están cargados de una formidable tensión. Lo que sucede a un paso del público, sorprende, intriga y apasiona por más que tanto la naturaleza de los conflictos como las intenciones de los personajes sean deliberadamente oscuros. El joven elenco de actores recién egresados de la escuela dramática actúa muy disciplinadamente y no importa demasiado que haya desniveles en el elenco (están mejor Gabriela Vázquez, María José Lage, Natalia Garrido y Niclás Suárez que el resto). La unidad de estilo y la dinámica escénica impuesta por la directora hacen que todo funcione con la precisión de un reloj suizo.

En síntesis, aquí interesa mucho más el cómo que el qué ; es una puesta excelente de una obra de méritos dudosos.

Egon Friedler

Semanario Hebreo -10 de agosto 2006

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