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“Los muertos” - de Florencio Sánchez

Un Sánchez demasiado pintoresco
Por Egon Friedler

 

“Los muertos”  - de Florencio Sánchez – Versión y dirección general de María Dodera – Con la actuación de Susana Anselmi, Gonzalo Morales, Rosana Rey, Verónica Mato y Nadia Navarro. Músicos:  Adrián Prego, Sebastián Bentancourt, Andrés Morquio, Ignacio Aldabe y Salvador dos Santos – En el restaurante y bar de Juan Paullier 1252 esquina Chaná.

“Los muertos”, para quienes no lo recuerden, es la famosa pieza de Florencio Sánchez contra el alcoholismo. Su personaje central es un desdichado sin carácter, destruido por su incontrolada afición a la bebida y la trama de la pieza es triste, sórdida y penosa. En la versión de María Dodera, ambientada en un antiguo bar, típico y acogedor, el carácter de la obra se diluye un poco, porque lo que da su carácter peculiar y su polémico atractivo a la versión es la ambientación. Comienza con un primer acto en el sótano donde el público asiste de pie a una escena genuinamente teatral. Luego los asistentes suben al local, donde varios músicos y dos meseras (y animadoras o prostitutas) intervienen en la acción al mismo tiempo que sirven vino al público y disputan entre sí. Sin duda, la desenvuelta actuación de las actrices-meseras ( Verónica Mato y Nadia Navarro) imprime agilidad y gracia a la acción escénica. Pero su rol casi dominante en la segunda parte del espectáculo junto a los músicos, deja casi en la sombra el desarrollo de la historia. El “Lisandro” de Gonzalo Morales no llega a ser el personaje patético y lastimoso que creó Sánchez y Rosana Rey no convence como la Amelia cruel y frívola que contribuye a desencadenar el final trágico de la historia. En cambio, se luce Susana Anselmi como la suegra entrometida y manipuladora.

No puede negarse que María Dodera encontró un enfoque original para actualizar a Florencio Sánchez. Pero el drama del pobre Lisandro y el duro alegato contra el alcoholismo del clásico dramaturgo uruguayo de alguna manera queda en un modesto segundo plano ante los despliegues de música, gritos, discusiones y animado movimiento escénico que se desarrolla ante un reducido público que vive junto a los actores un espectáculo más pintoresco que dramático.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 6 de octubre 2010

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