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“Las apariencias engañan”
- de Thomas Bernhard – Traducción: Miguel Sáenz – Versión y dirección de Patricia Yosi – Con Walter Reyno y Juan Carlos Moretti – En el Instituto Goethe.
En esta obra escrita en 1983, el autor austriaco Thomas Bernhard (1931-1989) trata con singular sutileza grandes temas como la vejez, la soledad y la rivalidad entre hermanos. “Las apariencias engañan” no presenta el desarrollo de una trama, sino el retrato de una situación.
Dos hermanos ancianos no saben qué hacer con sus vidas luego de la muerte de una mujer que desempeñó un rol afectivo muy importante en la vida de ambos. Como pelando una cebolla, el autor va descubriendo una capa tras otras de la estrecha y compleja relación entre los hermanos y va revelando las facetas salientes de sus verdaderas personalidades. Las ilusiones y las auto-imágenes idealizadas van desapareciendo de a poco ; la rivalidad subsiste hasta el fin, pero en términos muy diferentes a los que se planteó a lo largo de la vida.
Esta obra intimista, lúcida y amarga, está presentada en una excelente versión de cámara, con un cuidadoso manejo de los tiempos en el diseño de la acción escénica por parte de la directora Patricia Yosi y un eficaz manejo de los detalles de ambientación, desde la escenografía de Osvaldo Reyno a la ambientación sonora de Fernando Condon (con hermosísima música de Mozart, Beethoven y Brahms).
Pero la clave del éxito de la versión está sobre todo en los dos actores. En un papel hecho a su medida, Walter Reyno, utiliza hábilmente su estilo verbal vacilante, para dar expresión a la lucha interior de su personaje que se impuso a sí mismo una imagen de fortaleza que no es real. Reyno sabe imprimir a su ex artista circense toda la mezcla de vanidad y de nostalgia por las glorias perdidas, de búsqueda desesperada de un anclaje a una vida que ha perdido sus principales puntos de referencia y de escape a un mundo de ilusiones.
Por su parte, Juan Carlos Moretti realiza una caracterización de admirable refinamiento de un personaje cuya vida ha sido una frustración permanente y ni siquiera ha tenido el consuelo de haber tenido presuntos grandes éxitos. Su relación ambigua hacia su hermano, hacia el sexo, hacia la vida, está dada con una mímica admirablemente sugestiva. En ocasionales estallidos temperamentales logra sugerir un temperamento mucho más fuerte de lo que aparenta en su trato habitual con su hermano.
En resumen, una hermosa obra, admirablemente interpretada, sobre el ocaso de dos vidas. No precisamente estimulante ni optimista, pero dolorosamente real.
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