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“La paranoia”
- de Rafael Spregelburd – Con dirección y actuación del autor, y actuación de Andrea Garrote, Mónica Raiola, Pablo Ruiz Seijo y Alberto Suárez – Dirección de la parte audiovisual: Daniela Goggi, Ignacio Masllorens, Agustín Mendilaharzu y Juan Schnittman – Música original: Nicolás Varchausky – Iluminación: Matías Sedón – Vestuario: Julieta Alvarez.
La idea de Spregelburd es muy ingeniosa. Los sobrevivientes de la humanidad se refugian en Piriápolis en un futuro muy lejano en el que nuestro mundo corre el peligro de extinción. Para prevenir ese peligro, las autoridades convocan a un matemático, un astronauta y una escritora quienes decretan que la única salvación puede venir por el lado de la ficción. Para ellos, lo que ha llevado el mundo a la perdición es la siempre inoportuna realidad. Decididamente, la gente detesta a la brutal verdad y necesita el bálsamo de las mentiras redentoras.
Pero la ficción, en su forma más popular y difundida, la de las telenovelas venezolanas, resulta tan sórdida, violenta y ridícula como la vida real. Mientras la ficción se desarrolla en la pantalla, los actores en escena interpretan con formidable ductilidad a una multitud de personajes extraños y estrafalarios que discuten interminablemente en escena. La conclusión es muy obvia : la ficción y la realidad son bastante parecidas en su truculencia y su insensatez. Los seres humanos son guiados en sus emociones y sus impulsos por una penosa irracionalidad.
No puede negarse que la broma tiene sus aciertos. Algunas combinaciones de la acción en la pantalla con el debate en el escenario lanzan al público dardos de ingenio de gran puntería. Y no puede negarse que Spregelburd tiene imaginación. Al incluir en su accidentada historia extrañas escenas chinas, varios apasionados y más o menos violentos personajes venezolanos, y a marinos de un submarino lituano, proclama la universalidad de la estupidez humana. Asimismo no puede negarse que el elenco encabezado brillantemente por el propio autor es admirable en sus numerosas y extravagantes caracterizaciones.
Pero el problema de Spregelburd es que estira demasiado la broma. Es un buen tema de discusión cuánto tiempo de más tiene la obra. Los más radicales dirán que de las tres horas de duración de la obra hay que sacar más de dos. Los más indulgentes dirán que “La paranoia” podría funcionar bien con una hora y media o una hora y tres cuartos.
Sin duda, es una lástima que en su afán por escandalizar a públicos conservadores, Spregelburd abandonó el siempre necesario sentido de la proporción, una virtud necesaria aún para el teatro más implacablemente inconformista. Es una lástima porque lo que pudo ser un legítimo triunfo, se transformó en una obra polémica, de la cual una parte nada insignificante del público saldrá formulando la más terrible acusación que puede formularse a un autor dramático : la de haber desperdiciado su tiempo. |