"La muerte de un viajante" de Arthur Miller 

El peor de los pecados 
Por Egon Friedler

"La muerte de un viajante" de Arthur Miller - Traducción y versión de Antonio Larreta - Con Héctor Guido, Maruja Fernández, Dino Gauto, Daniel Cardozo, Ximena Ferrer, Pablo Pipolo, Arturo Fleitas, Walter Etchandy, Pablo Dive, Javier Barboza y Guadalupe Pimienta - Con dirección de Carlos Aguilera - Escenografía : Arq. José Luis Ardissone - Vestuario : Nelson Mancebo - Iluminación : Carlos Torres - Ambientación sonora : Fernando Condon - En la sala Campodónico del Teatro "El Galpón" - marzo 10                               

Willy Loman, quizás el personaje trágico más representativo del teatro del Siglo XX es culpable del peor de los pecados : ser un fracasado en una sociedad en la que el valor supremo es el éxito. Nadie como él idolatra ese valor supremo y se autoengaña creyendo que encontró la fórmula dorada para alcanzarlo. Su fanática devoción por esta meta inalcanzable lo lleva a  imponérsela a su hijo menor lo que produce el mismo frustrante resultado.

Arthur Miller creó un gran personaje, complejo y patético, desgarrado y desgarrador, que como todas las grandes figuras del teatro se presta a diferentes interpretaciones. El director Carlos Aguilera y el protagonista Héctor Guido optaron por un Willy Loman exasperado, irritante, jactancioso, autoritario, decididamente antipático, que parece más una víctima de su mal carácter que de un sistema social en el que el hombre puede ser un producto desechable.

Sin duda, el enfoque elegido es legítimo y al mismo tiempo discutible. Por mi parte, prefiero un Willy Loman menos agresivo, más alienado de la realidad, más perdido en las brumas de sus sueños, más torturado por su incapacidad de comunicación con su familia y su entorno. Pero dentro de su concepción del rol, Héctor Guido, hace una composición sólida, competente, y de una estimable credibilidad.

Menos convincente es la actuación de los dos  “hijos”, Daniel Cardozo (Happy) y Dino Gauto ( Biff). Aunque el segundo mejora considerablemente en el segundo acto, no está a la altura de su difícil rol. Biff es la contracara de Willy, su auténtico rostro  en un cruel espejo invisible. Interpretar su fracaso vital constituye un desafío actoral enorme para el cual el joven Gauto aún no está preparado. Tampoco el enfoque de Cardozo para el del segundo hermano resulta satisfactorio. Su frivolidad parece impuesta, carece de la naturalidad de un fugitivo de la realidad que elige  ignorar sus aspectos menos agradables sin pensarlo demasiado.

Tampoco logra realizar una actuación satisfactoria Maruja Fernández. Su Linda Loman es demasiado opaca, demasiado pasiva, demasiado inexpresiva en su cárcel interior y no llega a transmitir la inmensa carga de sufrimiento que lleva encima. Le faltan angustia y ternura, pasión contenida y  profundo desamparo.

Más atrayente es el desempeño de algunos de los actores en los roles complementarios. Por ejemplo, merece destacarse la sensualidad de Ximena Ferrer como amante ocasional de Willy, la bonhomía de Arturo Fleitas como único amigo del viajante que realiza su último viaje y Walter Etchandy como la leyenda familiar del ideal del éxito.

El movimiento escénico armado por Carlos Aguilera está inteligentemente diseñado. La planta escenográfica es imaginativa en su amplitud y su desnudez (obra del Arq.José Luis Ardissone)  pero desde mi punto de vista hubiera sido preferible recurrir a una escenografía realista, más reveladora del pequeño mundo de los personajes de la obra.

Otros rubros técnicos han sido modelos de excelencia : el vestuario de Nelson Mancebo, la iluminación de Carlos Torres y la ambientación sonora de Fernando Condon. Pero en total esta “Muerte de un viajante” no pasa de ser una versión decorosa y aceptable. Interesa, pero no llega a conmover.

Egon Friedler
Semanario Hebreo

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