"La espera trágica" de Eduardo Pavlovsky 

Una peluca más para la cantante calva 
Por Egon Friedler

 "La espera trágica" de Eduardo Pavlovsky - Con la actuacion de Alejandra Artigalás, Gustavo Saffores, Andrés Cremona, Claudio Lassevich, Pablo Galperin y Yoel Kazareski - Dirección : Gustavo Saffores - Espectáculo premiado en la "Movida Joven 2005" - En el Teatro Circular, 11 de febrero

 

Eduardo Pavlovsky, el gran actor, dramaturgo y sicoanalista argentino, escribió esta pieza, una de sus primeras obras, en 1962, doce años después de "La cantante calva". La influencia de Ionesco es notoria. El lenguaje , la situación y el diálogo son típicamente ionesquianos. La distorsión de la lógica es la misma que caracteriza la escritura del autor teatral rumano-francés. Pero si en esta obra primeriza Pavlovsky no tiene aún una voz original, se revela como un muy talentoso discípulo de Ionesco (aún cuando Pavlovsky haya declarado expresamente que se siente más cercano a Beckett). Los personajes no están muy seguros de quiénes son y aún mayor es su incertidumbre sobre qué es lo que hacen o pretenden hacer. Pero esto no les impide exhibir una aparente gran seguridad en sí mismos y hacer afirmaciones rotundas sobre trillados lugares comunes. La espera del título aparentemente alude a la mujer que espera a un hombre que no está nada dispuesto a dejar de deleitarse escuchando un extenso fragmento de "Madame Butterfly" de Puccini, simplemente para molestarse en hablar con ella. Pero esa espera no tiene nada de trágico : es simplemente una introducción al encuentro-desencuentro de los dos protagonistas. Luego aparecen otros dos personajes, cuya identidad e intenciones, compiten en vaguedad con los de la pareja. Un final ingenioso, inesperado y apropiadamente desconcertante, pone fin a esta chispeante disquisición sobre la nada de apenas 45 minutos de duración.

La interpretación del joven equipo de actores es discreta. El personaje melómano interpretado por Gustavo Saffores insiste en una expresión de tonta arrogancia y autosatisfacción que le imprime una excesiva rigidez, el rol femenino de Alejandra Artigalás está actuado con cierto exceso de ansiedad y cierto déficit de aturdimiento, mientras Andrés Cremona y Claudio Lassevich revelan de manera demasiado evidente su inexperiencia actoral. 

 

De todos modos es un espectáculo fresco, divertido, que ya revela la garra creadora de Pavlotzky en los comienzos de su carrera.

Egon Friedler
Semanario Hebreo

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