"La escuela del escándalo" de Richard B.Sheridan - – Traducción de Pablo Modernell – Versión de Imilce Viñas y Pepe Vázquez

Defecto eterno e imbatible
Por Egon Friedler

"La escuela del escándalo" de Richard B.Sheridan – – Traducción de Pablo Modernell – Versión de Imilce Viñas y Pepe Vázquez – Dirección de Imilce Viñas con Paola Vega, Carina Méndez, Marcelo Martínez, Federico Galemire, Moriana Pena, Teresa González, Diego Artucio, Andrés Papaleo, Graciela Pagani, Emilio Pigot, Felipe Dibarboure, María Clara Vázquez, Adhemar Rubbo, Daniel Castgro, Rodrigo Peluffo, Gustavo Antúnez, Federico Longo, Leonardo Galiardi y Yoni Kurlender – en el Teatro del Centro, mayo 6

 

El irlandés Richard Brinsley Sheridan (1751-1816) fue político, parlamentario, orador brillante y empresario y autor teatral. También fue un personaje polémico que se debatió a duelo dos veces por su esposa, la cantante Elisabeth Linley. Pero por sobre todo, fue un sagaz crítico de costumbres y su obra maestra “La escuela del escándalo” ha ganado un merecido lugar en el repertorio del teatro universal por su aguda crítica a la maledicencia y la hipocresía , males que todo nos induce a creer que siguen vigentes en pleno siglo XXI. 

La versión de Imilce Viñas y Pepe Vázquez, en la convincente traducción de Pablo Modernell, reduce los cinco actos de la pieza escrita en 1777 a una extensión razonable, conservando lo mejor de su humor y de los vericuetos de su intriga. La crítica malintencionada al prójimo, un deporte practicado con singular virtuosismo por las clases altas británicas, es descrito por Sheridan en toda su frivolidad y su ausencia de escrúpulos morales. Pero el humor del autor irlandés es indulgente y confía en que el público al igual que él, no va a hacerse demasiadas ilusiones sobre la naturaleza humana. 

En “La escuela del escándalo”, el árbitro último en la lucha por el “status” social en el que son rivales dos hermanos, es un tío multimillonario, que enfrenta el clásico dilema de qué hacer con la herencia que va a dejar a su muerte. Debe elegir entre un calavera y vividor, franco y abierto y un falso virtuoso de conducta tortuosa e inmoral. Como era de esperar, el pillo honesto gana la partida al deshonesto, pero antes de eso suceden mil cosas inesperadas y graciosas.

Esas cosas inesperadas y graciosas funcionan admirablemente por mérito del ingenio formidable de Sheridan, pero también gracias a la minuciosa labor de preparación del elenco, al carácter dinámico e imaginativo de la puesta en escena y al impecable ajuste de toda la versión, escena por escena, parlamento por parlamento.

Esta puesta es quizás el trabajo de dirección más prolijo y logrado de la carrera de Imilce Viñas como directora. Se percibe que hay un detallado trabajo en el diseño de cada una de las escenas, un cuidado extremo por mantener la unidad de estilo y un impecable sentido del ritmo de la acción escénica. En un elenco muy numeroso (19 actores) en el que se mezclan actores de reconocida trayectoria con otros bisoños, no hubo virtualmente flancos débiles. Pero por supuesto, los actores más experimentados que tuvieron a su cargo roles protagónicos se destacaron más. Emilio Pigot interpretó con toda la vehemencia debida, a su temperamental Sir Peter Teazle, Adhemar Rubbo hizo una espléndida creación cómica con su rol del tío rico y sentimental, Gustavo Antúnez encarnó a su sinvergüenza alegre y en el fondo bondadoso, con formidable convicción a la que se sumó su agilidad corporal y su habilidad de bailarín. Moriana Pena supo dar una regocijante naturalidad a su personaje de chismosa incurable, convencida de que hablar mal de los demás es una sagrada tarea moralizante. María Clara Vázquez supo infundir una genuina autenticidad a su difícil rol de esposa casquivana que finalmente recupera la sensatez al tener pruebas claras de la fidelidad y el amor de su marido. Federico Galemire, actuando como el gran farsante de la comedia, logra eludir los trazos gruesos y da a su personaje una sutil ambigüedad. 

Si hay aciertos en las figuras principales, no faltaron tampoco entre los roles de reparto, desde la intrigante Lady Sneerwell a cargo de Carina Méndez a la malhumorada criada inglesa encarnada por Graciela Pagani.

Si a ello sumamos los aciertos de música, de ambientación y de vestuario (a cargo de Felipe Maqueira) concluiremos que esta divertidísima “Escuela del escándalo” tiene todo lo necesario para ser un gran éxito de larga permanencia en la cartelera.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 10 de mayo de 2007

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