“La Casamentera”  - de Thorndon Wilder 

Comedia merecidamente exitosa
Por Egon Friedler

“La Casamentera”  - de Thorndon Wilder – Traducción: Eduardo Marzoratti – Con la actuación de Hugo Giachino, Nicolás Furtado, Darío Sellanes, Charito Siciliano, Alejandro Martínez, Magdalena Long, Alexis Savia, Elena Zuasti, Rafael Beltrán, Stefanie Neukirch, Josefina Trías, Nicolás Invernizzi y Virginia Méndez – Diseño de vestuario: Nelson Mancebo – Diseño de escenografía: Álvaro Bonaglia – Diseño de Luces: Martín Rodríguez – Dirección general: Álvaro Ahunchain – En el Teatro Alianza

Esta comedia tiene una larga historia. El argumento procede de una farsa en un acto de John Oxenford escrita en 1835 y titulada “Un día bien aprovechado” que fue convertida en una pieza en varios actos por el popular comediógrafo austriaco Johann Nestroy en 1842 con el título “Él pretende hacer una broma”. En 1938, Thorndon Wilder adaptó la pieza al medio norteamericano bajo el título “El comerciante de Yonkers” y el célebre director judío alemán, exilado en los Estados Unidos, Max Reinhardt, la montó en Broadway. Resultó un gran fracaso, pero 15 años más tarde el director Tyrone Guthrie se interesó por la pieza y Wilder re-escribió totalmente la obra para una nueva producción cambiándole el nombre por “La casamentera”. El cambio principal fue convertir a un personaje femenino secundario en la obra original, en la protagonista. Se trata de una viuda muy emprendedora que actúa como casamentera y después de muchos enredos, malentendidos y líos de toda clase, tiene un éxito insólito. 

Desde el estreno de la pieza en Londres y en Nueva York, en 1954, cosechó aplausos en todo el mundo. En 1958 fue adaptada para el cine en una película en la que actuaron entre otros Walter Matthau y Shirley MacLaine y en 1964 Jerry Herman escribió música para la pieza y la convirtió en uno de los grandes éxitos de Broadway : “Hello Dolly” que a su vez fue llevado al cine en 1969 con Barbra Streisand como protagonista. Pero es interesante notar que Wilder no fue el último en usar el enredado argumento de Nestroy. El dramaturgo británico Tom Stoppard escribió la farsa “On the razzle” (expresión intraducible que podría adaptarse como “Tirando la chancleta”) en 1981 en la que no aparece la casamentera, pero sí los dos dependientes y pobres diablos sin remedio que se hacen pasar por millonarios. 

Contamos toda esta historia para que resulte claro que una pieza con estos antecedentes no podía fracasar. Es cierto : la puesta tiene algo de esfuerzo de parientes pobres…..pero honrados. Se exhibe en la Sala 2 del Teatro Alianza (¡ ni siquiera en la más grande Sala 1!) y el único lujo que se permite es un estupendo vestuario de Nelson Mancebo. Pero la diversión está muy bien servida. Con un elenco sumamente eficaz, impecablemente dirigido por Álvaro Ahunchain, la versión tiene la bien dosificada cuota de amable locura que la hace disfrutable. Para algún sector del público, “La casamentera” puede tener algo de humor antiguo, un poco inocente para nuestros días. Pero el manejo magistral de situaciones equívocas de Wilder hace que la pieza siga teniendo su delicioso encanto lunático.

Por lo demás, el elenco del Teatro Alianza, muy bien reforzado por un invitado de lujo como Hugo Giachino no presenta flancos débiles. Giachino, que interpreta al despótico y a pesar suyo, romántico y sentimental, ricachón casadero Horacio Vandam, está notable en su mezcla de severidad, mal humor y torpeza en sus relaciones con el bello sexo. Elena Zuasti compone con magnífica insolencia a la simpática Dolly, intrigante responsable de todos los enredos (incluso en el que se enreda a sí misma). En el numeroso elenco joven cabe destacar la cándida desfachatez de Cornelio (Alejandro Martínez), la ingenuidad y el tibio espíritu aventurero de Bernabé ( Rafael Beltrán), la habilidad manipulativa de Irene Molloy (Stefanie Neukirch), los despistes del galán Ambrosio (Nicolás Furtado), las pobres intrigas del embrollador Malaquías (Alexis Savia) y la simpatía de Lavinia, la sobrina del ricachón sometida a sus caprichos (Margarita Long).

Todo está bien armado para provocar largos coros de risas. No es ninguna audacia predecir que seguramente el público no habrá de faltar.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 25 de junio 2009

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