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“Incrustaciones o El paladar de la reina”
- de Chantal Thomas – Con la actuación de Humberto de Vargas, Virginia Rodríguez, Graciela Gelós y Ulises Parada – Dirección de
Álvaro Ahunchain – En la Sala 2 del Teatro “La Gaviota”.
En el programa de mano de “La Gaviota” no hay indicación alguna sobre el origen de la pieza y ni siquiera figura el nombre del traductor, pero gracias a Internet hemos podido averiguar que fue estrenada en Francia y en Buenos Aires por Alfredo Arias y Marilú Marini. En un reportaje al diario bonaerense “La Prensa” firmado por Juan Carlos Fontana el 19 de noviembre de 2004 declaró Marini : “Chantal Thomas había escrito para Alfredo y para mí una pieza breve que estrenamos en una serie de lecturas que hicimos en el Teatro Bobigny, que se llamó “Amar a su madre” y de ese ciclo surgió “Incrustations”, que se refiere a una madre feroz, odiosa y divertida que irrumpe en la vida del hijo cuando éste está con su novia”. Por su parte, el director y actor Alfredo Arias, notorio por su éxito en la capital francesa, acotó : “En Francia todos los escritores quieren ser profundos, porque el hacer humor es considerado algo liviano. Por eso esas obras se hacen en los cafés teatros. Pero aventurarse a lo profundo a través de lo cómico es toda una rareza para la dramaturgia francesa. Chantal Thomas puede hacerlo porque tiene una gran lucidez. Es especialista en Sade y Choderlos de Laclos, el autor de “Relaciones peligrosas”.
Más adelante en el mismo reportaje afirma Marilú Marini, quien también estuvo a cargo de la traducción al español : “La perversidad y el humor negro están dichos en la obra con la mayor gracia y en un francés delicioso que tiene que ver con la tradición de la escritura francesa del XVIII, lo que equivaldría a decir que es el mismo placer que uno encuentra al leer a Diderot”.
Pero en la versión ofrecida en “La Gaviota” esa gracia tan elogiada no parece funcionar demasiado. Aunque los actores hacen todo lo que pueden por explotar sus chistes y sus situaciones incongruentes, la historia de este clásico trío desafinado (mamá posesiva, hijo tonto y sometido, esposa ansiosa) resulta demasiado arbitraria.
En la obra no convencen muchas cosas : la desesperación de la camarera de bar-estudiante por meter en su cama al primer cliente que llega a su antro solitario (aunque luego se aclara que es con más o menos honrados fines matrimoniales), la buena disposición del nene de mamá a casarse a pesar de sus reticencias hacia el otro sexo, la infinita tolerancia de este buen muchacho a las intromisiones de mamita pese a que quiso liquidarla sirviéndola cactus en la comida, la intensa actividad vacacional de madre e hijo siempre ocupados en descansar de su permanente descanso, y alguna que otra inconveniencia, tal como la intromisión inoportuna de una muerte suavizada por un buen hotel en el más allá.
Lo que hace medianamente digerible este caprichoso mejunje para paladares no acostumbrados a las extravagancias de la moderna cocina teatral francesa, es que está atractivamente servido por una puesta ágil e inteligente y un dúctil y muy competente elenco.
Alvaro Ahunchain sabía muy bien lo que hacía cuando eligió como trío protagónico a Humberto de Vargas ( el edípico seudo-héroe de la historia), Virginia Rodríguez ( primero victimaria en el feroz acoso sexual del principio y luego víctima de un matrimonio incomprensible) y a Graciela Gelós (como mamita monstruosa cuyos poderosos tentáculos nunca sueltan al nene). Hay un cuarto actor, Ulises Parada, que interpreta dos roles, pero el pobre, está incrustado en una incrustación en la que no tiene mucho que ver, por lo que resulta difícil de calibrar el valor de su actuación.
La conclusión de esta puesta realizada con apoyo de la Embajada de Francia es bastante obvia : los actores realizan un muy buen trabajo. Pero caben muchísimas dudas de si el esfuerzo valió la pena. |