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“Hedda Gabler”
- de Henrik Ibsen – Con la actuación de Laura Barboza, Fernando Amaral, Stella Cunha, Daniel Torres, Virginia Rodríguez y Guillermo Robales – Dirección general y puesta en escena : Fernando Rodríguez Compare – En el Teatro “Antonio Larreta” del Carrasco Lawn Tennis Club.
Desde su estreno en 1890, han corrido caudalosos ríos de tinta sobre “Hedda Gabler”. Así como los críticos han dado interpretaciones diversas a esta obra maestra del gran escritor noruego, del mismo modo, las actrices que tuvieron a su cargo el rol protagónico le dieron sentidos diferentes. ¿Porqué actúa Hedda como actúa, y trata de destruir todo lo que toca? ¿ Por locura, despecho, odio a la sociedad, maldad lisa y llana, inconsciencia, pasión destructiva ?
El director, Fernando Rodríguez Compare y la intérprete de Hedda, Laura Barboza, encontraron una interpretación perfectamente válida: la heroína es una snob del mal. Sus intrigas son una diversión, una forma de huir del aburrimiento que le produce el mundo que la rodea y del que sabe que no tiene escapatoria. Este enfoque lleva necesariamente a un enfoque más irónico que trágico, a un uso mayor de la sutileza que de grandes efectos dramáticos. Me inclino a creer que si Ibsen viviera hoy aprobaría esta manera de ver la obra, a la que denominó “drama” pero que hoy podría ser mejor definida como comedia dramática. Después de todo, la obra no solo trata de la “banalidad del mal” (en un contexto muy distinto al empleado por Hanna Arendt respecto a Adolf Eichmann) sino también de la estupidez humana y el sin sentido de la vida. Un interesante tema para una discusión de mesa de café después de ver la obra sería ¿Quién es realmente más estúpido, Tesman, el marido de Hedda, que sigue creyendo que ella es un ángel cuando en realidad es un demonio, o la propia Hedda, cuyo cinismo manipulador la lleva a una situación en la que ella misma es manipulada? Si la obra fuera trágica no habría lugar para interrogantes de este tipo.
Pero más allá de las interpretaciones, esta versión de cámara atrapa la atención del espectador del comienzo al fin , con sus cuatro actos reducidos a uno solo, sus discretos toques de modernismo en la escenografía y el vestuario, sus cortes hechos con inteligencia y cuidado y su movimiento escénico coreografiado con ejemplar precisión. A todo esto, debe agregarse naturalmente el trabajo del elenco, admirable en su homogeneidad y su armónico trabajo de equipo. Laura Barboza hace una Hedda que combina impecablemente la frivolidad, el encanto y la perversidad ; Fernando Amaral compone un Tesman con toda la ingenuidad y la torpeza de su estudioso estrecho de miras; Stella Cunha imprime a su rol de tía solterona la adecuada dosis de bonhomía y resignación ante los contratiempos de este mundo; Virginia Rodríguez encarna convincentemente a la patética Thea Elvsted y Guillermo Robales da al difícil rol de Ejlet Lovborg, la adecuada mezcla de inseguridad, turbulencia y rebeldía.
En síntesis, para los que conocen la obra será un grato reencuentro, para quienes nunca la han visto se trata de un clásico ineludible. |