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“Harper”  – de Simon Stephens – Traducción: Homero González Torterollo
 
 

Larga, tediosa, verborrágica
Por Egon Friedler

 
 

“Harper”  – de Simon Stephens – Traducción: Homero González Torterollo – Dirección: Anthony Fletcher – Con la actuación de Alejandra Wolf, Juan Antonio Saraví, Andrés Papaleo, Lucio Fernández, Stefanie Neukirch, Isabel Legarra, Luis Martínez, Carlos Rodríguez, Elisa Contreras, Daniel Spinno Lara y Bruno Pereyra – Escenografía e iluminación: Claudia Sánchez – Vestuario: Paula Villalba - Música original: Martín Buscaglia y Mateo Moreno - En el Teatro Verdi.

 

En el comentario de programa de mano, se nos informa que la Comedia Nacional trae a escena una de las obras inglesas contemporáneas con más puestas en el mundo. Es cierto. Un rápido vistazo a Google nos trae 4.610.000 entradas que comprende anuncios, comentarios, reportajes y críticas de distintos lugares del planeta, pero especialmente del mundo anglo-sajón. En Inglaterra, Stephens es un autor muy prestigioso y los diarios británicos con mucha frecuencia le hacen entrevistas. Pero no siempre los autores famosos están a la altura de las expectativas. A mi juicio, es el caso de “Harper” (Harper Regan en la versión original).

El argumento es sumamente sencillo. Harper Regan, una cuarentona casada con un arquitecto, con una hija adolescente, pide licencia en su oficina en Londres para ir a Manchester donde su padre, divorciado desde hace muchos años, está agonizando. El jefe le niega el permiso, pero ella arriesga perder el puesto y hace el viaje igual. Harper tampoco informa a su marido y su hija, que obviamente se preocupan por ella. Cuando llega a Manchester su padre ya ha muerto. En el viaje hace algunas cosas bastante extrañas para una sensata pequeña burguesa que lleva una vida normal, como herir y robar la campera a un energúmeno antisemita al que encuentra en un bar o meterse en la cama con un desconocido al que contactó en Internet. Pero el episodio fundamental de su viaje de dos días es su encuentro con su madre con la que mantiene una relación conflictiva. Allí salen a relucir antiguos conflictos y Harper se entera de que algunas de sus certidumbres podían basarse en una visión sesgada de la realidad y que las culpas que ella solía atribuir a su madre en realidad podrían haber sido de su padre. A su retorno al hogar, encuentra una situación irónicamente paralela: para su hija adolescente su madre carga con todas las culpas y su padre siempre es inocente. El tema no es sencillo ya que el padre no consigue trabajo porque fue acusado de estar complicado en pornografía infantil. Pero finalmente todos los problemas parecen arreglarse y el trío familiar reencuentra la armonía. En la puesta del director británico Anthony Fletcher todos los personajes que han participado en la historia son testigos mudos y distantes del apacible “happy end”.

¿ Qué es lo que no funciona desde mi punto de vista? La obra de dos horas y media de duración, tiene demasiados diálogos innecesariamente extensos y que parecen gratuitos Por ejemplo, el autor podía habernos ahorrado la larga y antipática perorata del jefe de Harper negándole la autorización para el viaje. Hubiera alcanzado con que en la primera escena llegara a su casa con la noticia. Por otra parte, la historia presenta demasiados cabos sueltos. Hay numerosos detalles que quedan en una nebulosa: por ejemplo ¿ qué llevó a Harper a no informar a su familia de su viaje? ¿ Cómo es que milagrosamente en la última escena se solucionan todos los serios problemas económicos de la familia y se disponen a un idílico y próspero retorno al campo? Espectadores atentos podrían encontrar un buen entretenimiento localizando otras muchas facetas problemáticas del texto.

Pese a todas las objeciones, es necesario admitir que el impecable profesionalismo tanto del director británico como del elenco de la Comedia Nacional, que en esta oportunidad cuenta con varios de los actores últimamente incorporados a sus filas, logran dar cierta coherencia y dignidad al espectáculo.

Por ejemplo, Alejandra Wolf en el rol protagónico, logra imprimir una admirable versatilidad a su personaje, que es el único que aparece en todas las numerosas escenas que componen la pieza. Stefanie Neukirch, como hija adolescente rebelde, imprime una convincente naturalidad tanto a sus parlamentos como a su mímica y su lenguaje corporal. Juan A. Saraví logra dosificar muy bien la mezcla de excentricidad y autoritarismo de su rol de jefe caprichoso. En el rol de marido caído en desgracia, Lucio Hernández, da el tono apagado y flemático de su personaje, quizás el más británico de la pieza. Andrés Papaleo aborda con solvencia un personaje juvenil cuya inclusión en la pieza no parece tener demasiada justificación. En roles episódicos se luce un cuarteto de veteranos de la Comedia Nacional integrado por Elisa Contreras, Isabel Legarra, Daniel Spinno Lara y Luis Martínez complementando eficazmente el elenco dos actores veteranos, Carlos Rodríguez y Bruno Pereyra.

Claudia Sánchez tuvo a su cargo la sencilla escenografía compuesta por dos rampas que en su parte inferior contenían un sofisticado equipo de iluminación y una música enfática mientras una música enfática y con algunos decibeles de más de Martín Buscaglia y Mateo Moreno sirvió de cortina musical entre escena y escena. El vestuario a cargo de Paula Villalba esta vez no pareció demasiado imaginativo.

 

Egon Friedler

Semanario Hebreo

3 de mayo 2012

 

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