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“Hamlet” - de William Shakespeare

Actuación consagratoria
Por Egon Friedler

 

“Hamlet”  - de William Shakespeare – Dirección de Gabriela Iribarren – Con la actuación de Álvaro Armand Ugon, Rodrigo Garmendia, Virginia Rodríguez, Agustin Maggi, Sergio Pereira, Rosa Simonelli, Gustavo Antunez, Lucas Barreiro, Verónica di Feo, Bruno Pereyra, Roberto Romero, Matias Sanjurjo, Pablo Sintes y Ruben Vieira – Escenografía: Marcelo Carrizo – Iluminación: Agustín Maggi-Ruben Vieira – Vestuario: Mercedes Willat – Musicalización: Alfredo Leirós – En el Espacio Palermo, Isla de Flores 1631.

Hamlet no es un título cualquiera del repertorio teatral. Es una de las cumbres del teatro universal de todas las épocas y constituye una prueba de fuego para grandes actores. El superar esa prueba es el gran sueño en la vida de muchos hombres de teatro exitosos y solo relativamente pocos logran llevarlo a la realidad. 

Teniendo esto en cuenta, señalamos con gran satisfacción que la actuación de Álvaro Armand Ugón constituyó un éxito absoluto: su Hamlet es consagratorio y podría presentarse sin problemas en los escenarios más exigentes del mundo. Sería realmente justo que ante semejante logro (como sucedería en medios más profesionalizados que el nuestro) se le abran las puertas de una carrera internacional.

El Hamlet de Armand Ugón es impetuoso, colérico, voluble, irascible, ansioso, brusco, en eterno conflicto consigo mismo y con el mundo. Constituye la contracara del Hamlet de la duda y la reflexión constante. El Hamlet de Armand Ugón es un hombre de acción, que solo en sus célebres monólogos reconoce sus insolubles dilemas existenciales. No hay sofisticación intelectual en su enfoque del rol, tampoco una introversión angustiosa. Su Hamlet se ve compelido a actuar. Su destino es más fuerte que su elaborado raciocinio. El enfoque de Armand Ugón da una formidable consistencia sicológica al personaje, que está presente en toda sus acciones en escena, en cada inflexión de su rostro, en cada frase del texto.

Si bien el éxito de Armand Ugón es el más rotundo y espectacular, felizmente está muy lejos de ser el único en esta inteligente y minuciosamente cuidada puesta de Gabriela Iribarren, que constituye todo una lección de manejo de los tiempos teatrales. 

Agustín Maggi compone con gran autoridad el rol del Rey con toda su saña, su sed de poder y su maldad, pero también con su frustrada tentativa de arrepentimiento. Virginia Rodríguez logra un momento de gran intensidad en la escena de la locura de Ofelia, pero su enfoque del rol resultó excesivamente aniñado y pasivo en sus primeras escenas. Sergio Pereira, en una actuación que quizás sea la mejor de su carrera, hace un Polonio admirable en su torpeza y su incapacidad de lidiar con las ingeniosas trampas dialécticas que le tiende Hamlet. Rodrigo Garmendia como Horacio imprimió a su rol la franqueza y la naturalidad del personaje y Gustavo Antunez supo interpretar un Laertes adecuadamente vehemente e impulsivo. Entre los personajes principales, la única visiblemente mal elegida para el rol fue la Reina que hace Rosa Simonelli. Tuvo en su contra un vestuario totalmente inadecuado y no supo articular las complejas emociones de su torturado personaje. Los restantes integrantes del elenco desplegaron convincente desenvoltura y convicción escénica.

No fue una buena elección el vestuario moderno confiado a Mercedes Willat ; en cambio, constituyó un verdadero hallazgo la sobria pero eficaz escenografía a cargo de Marcelo Carrizo. Funcionó muy bien la división del escenario en dos planos y la iluminación (de Agustín Maggi y Ruben Vieira) realzó de manera creativa e ingeniosa el desarrollo de la trama. Asimismo constituyó un logro admirable la música, confiada a Alfredo Leirós, muy bien incorporada en momentos clave de la trama.

Esta gran realización teatral tuvo lugar en un pequeño teatro marginal, desconocido para una gran mayoría de aficionados. Cabe desear que sea repuesto en breve en un teatro más importante. Si bien no es una producción fácil de exportar, sí es un espectáculo que podría atraer a turistas sensibles no solo de los países vecinos sino de todo el mundo de habla hispana.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 19 de noviembre 2009

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