“Exterminio: el show debe continuar”  -  de Gabriel Peveroni

Maldiciendo a la TV
Por Egon Friedler

“Exterminio: el show debe continuar”  - de Gabriel Peveroni – Dirección general: María Dodera - Con actuación de Gustavo Bianchi, Leticia Cacciatori, Laura de los Santos, Martín Castro, Javier Mas, Elena Saavedra, Dinorah Peyrou y Emiliano Russo – Escenografía y Luces – Álvaro Bonaglia y Pablo Caballero – Diseño y realización audiovisual: Julio Porley – En el Teatro Circular.

 

En una nota de presentación de este espectáculo, éste se define en estos términos: “Exterminio” es una ácida crítica a un mundo despiadado, donde el individuo ha perdido toda libertad de acción y es minuciosamente vigilado. Un mundo – el de los reality shows – en el que incluso la denuncia del sistema pertenece al sistema.”

Esta última frase pone en evidencia qué es lo que no termina por convencer en este intento de crítica a la televisión desde el teatro.

La historia de 6 actores reclutados como “becarios” que se convierten en víctimas de un sistema caprichoso e inhumano, constituye una denuncia del sistema que pertenece de manera demasiado obvia al sistema. En lugar de atacar a los “reality shows” mediante la ironía, el sarcasmo o la farsa desatada, la pieza trata de parecerse lo más posible al modelo que pretende criticar. Incluso los tres televisores que pautan la acción y a menudo actúan como agoreros de desastres parecen más un homenaje que un ataque frontal a la TV como fenómeno alienante. 

Sin duda hay aciertos en el diálogo de los personajes que, en sus relaciones entre sí, oscilan entre la campechanía y la naturalidad a la inseguridad y la desconfianza mutua. Pero en total toda la pieza carece de fuerza corrosiva, de contundencia en sus planteos, de vigorosa garra crítica, a pesar de que logra algunos buenos momentos de tensión e intensidad dramática. 

Quizás su aspecto más controvertible de la obra sea el de los dos personajes que actúan como intermediarios entre la invisible autoridad y sus víctimas : Thea, la administradora del teatro cerrado donde tiene lugar la acción y el Tutor, que es el encargado de dar las instrucciones. Ninguno de los dos posee un carácter definido : no sabemos si actúan por servilismo, mera complicidad, resignación o falta de opciones. 

La crítica de los aspectos manipulativos de la TV parece demasiado abstracta e impersonal. Thea y el Tutor, no son suficientemente convincentes como encargados de montar todo un proceso de deshumanización, y la trama no tiene la sugestión dramática necesaria para dar genuina credibilidad a su mensaje. 

Sin embargo, el espectáculo como tal, tiene sus atractivos. La puesta en escena es ejemplar en su manejo de los tiempos, la relación entre los personajes y el espacio escénico. Si bien María Dodera demostró una vez más ser una excelente directora de autores, algunas de sus elecciones parecieron discutibles. Los seis jóvenes actores “becarios” (Gustavo Bianchi, Leticia Cacciatori, Martín de los Santos, Laura de los Santos, Javier Mas y Elena Saavedra) actúan con un elogiable sentido de equipo y notoria desenvoltura. Si bien Dinorah Peyrou se desempeñó con solvencia, me pareció que hubiera sido mejor utilizar a una actriz de la misma edad que los protagonistas de la historia. En cambio, en el personaje del Tutor, probablemente hubiera sido más conveniente recurrir a un actor veterano capaz de dar al rol una ambigüedad mucho más siniestra que la que es capaz de dar el joven Emiliano Russo.

En total, al margen de las reservas señaladas, no deja de ser un espectáculo interesante pero que difícilmente atraerá a sus verdaderos destinatarios : los ávidos devoradores de programas del estilo del “Gran Hermano”.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 10 julio 2008

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