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“Espía a una mujer que se mata”
- de Daniel Veronese – Versión de “Tío Vania” de Chejov – Con elenco integrado por Osmar Nuñez, María Figueras, Marcelo Subiotto, Fernando Llosa, Silvina Sabater, Marta Lubos y Mara Bastelli – Dirección : Daniel Veronese – En la Sala Zavala Muñiz del Teatro Solís, miércoles 22
“Espía a una mujer que se mata” de Daniel Veronese – Versión de “Tío Vania” de Chejov – Con elenco integrado por Osmar Nuñez, María Figueras, Marcelo Subiotto, Fernando Llosa, Silvina Sabater, Marta Lubos y Mara Bastelli – Dirección : Daniel Veronese – En la Sala Zavala Muñiz del Teatro Solís, miércoles 22
Daniel Veronese encierra toda la acción y los personajes en un escenario reducido y austero. No hay trajes de época ni ambientación campestre. Pero la trama es básicamente la misma de Chejov, aunque hay algunas reflexiones sobre el teatro que están ausentes en “El tío Vania”.
El anciano y vanidoso profesor Serebriacov llega a su hacienda con su joven nueva mujer y desata una crisis con su idea de vender la propiedad. La realización del proyecto dejaría en la calle al “tío Vania” hermano de su primera mujer, que ha estado largos años a cargo de la administración junto con su sobrina, una joven poco agraciada, que vive ilusionada con un amor imposible. Luego de un duro choque su ex cuñado que es un admirador suyo desengañado, Serebriacov se va con su esposa. Vuelve la normalidad gris y tediosa con su terrible carga de resignación y de falta de esperanzas.
Eso es todo, más la notable descripción de caracteres y de destinos típicamente chejoviana de todos y cada uno de los personajes. ¿ Qué es lo que cambió Veronese? Antes que nada la atmósfera de la acción. Esta es mucho más tensa y exasperada. Hay una carga de violencia mucho mayor en los personajes de la versión de Veronese que en la obra original. Mientras en Chejov hay una infinita tristeza y una mirada compasiva al mundo de sus personajes, en Veronese ocupa un primer plano una especie de exhibicionismo del dolor, que a veces llega a bordear la caricatura. La Sonia de Chejov es más mansa, más resignada, más introvertida que la inestable y casi histérica Sonia de Veronese. También el “tío Vania” es mucho más impulsivo, más agresivo, más patético en su inconformismo que el descrito por el gran escritor ruso. Todo el clima de la obra es diferente. Las famosas ambigüedades chejovianas son casi totalmente eliminadas. La definición de las relaciones entre los personajes suele ser rápida y tajante. No hay medias tintas.
¿ En qué medida sobrevive el espíritu de Chejov? Sin duda, esta interrogante plantea un tema polémico. Hay fuertes argumentos a favor de la puesta de Veronese, de la cual podría decirse que es una actualización vigorosa e intensamente dramática de la pieza de Chejov. Pero también hay buenos argumentos en contra. Por ejemplo ¿ qué queda de Chejov si se elimina la magia de ese clima tan peculiar del autor ruso hecho de sutilezas y sobre-entendidos?
De todos modos, esta versión interesante y polémica, no dejará indiferente a ningún espectador inteligente. Por lo demás la realización es excelente. Los actores, parejamente competentes, viven su roles con singular intensidad, destacándose particularmente Osmar Nuñez, que encarna a un Vania impetuoso y pasional. |