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“El rey se muere”  – de Eugène Ionesco – Traducción y versión de Carla Moscatelli, Leonor Svarcas y Alberto Zinberg

La Muerte Como Entretenimiento Circense
Por Egon Friedler

 

“El rey se muere”  – de Eugène Ionesco – Traducción y versión de Carla Moscatelli, Leonor Svarcas y Alberto Zinberg – Elenco integrado por Roberto Bornes, Noelia Campo, Carla Moscatelli, Sergio Muñoz, Sebastián Serantes y Leonor Svarcas – Dirección general: Alberto Zimberg – Vestuario: Paula Villalba – Escenografía: Claudia Schiaffino y Beatriz Martínez – Iluminación: Martín Blanchet – En el Museo del Carnaval, octubre 23
 

“El rey se muere” es la historia de una agonía con fin muy previsible. Lo peculiar de la pieza de Eugène Ionesco (1909-1994) es que el protagonista es el rey grotesco de un reino decadente. Aún así tiene un pequeño séquito pendiente de su destino, que consta de dos reinas, un vocero y jefe de guardia, una laboriosa sirvienta, representante del pueblo y un extravagante astrólogo-médico-verdugo. La obra, de la cual el propio autor dice que “es cómica porque es trágica” (como lo señala el programa de mano del espectáculo) gira en torno a una situación única: el inevitable salto a la nada que el protagonista se resiste a dar. El problema de cualquier puesta de la obra es cómo darle interés a una obra que trata obsesivamente de una situación cuyo desenlace no presenta la menor interrogante.

La solución que encontró Alberto Zimberg fue hacer hincapie en el humor del texto llevándolo a un extremo circense. El rey es una marioneta ridícula y sus dos reinas son igualmente extravagantes. El siniestro y excéntrico médico parece más empeñado en acelerar el viaje al otro mundo de su paciente que en aliviar sus sufrimientos. El vocero real acumula torpezas y la esforzada sirvienta, pese a la conmoción causada por los problemas de su jefe, debe seguir matándose trabajando.

¿Reflexión filosófica sobre la finitud de la existencia ? ¿Burla a la precariedad de la condición humana? ¿ Sátira sobre el temor a la muerte? ¿ Descripción amargamente irónica sobre lo precario de la vida y la fragilidad de las empresas humanas?

La versión de Alberto Zimberg es un poco de todo eso, pero sobre todo es un espectáculo paradójicamente dinámico y vital, de una comicidad vitriólica. Colabora con él un espléndido elenco: Roberto Bornes encarna a un rey tornadizo, caprichoso, torpe y afectado. Carla Moscatelli es la reina hábil y ambiciosa mientras Leonor Svarcas interpreta a la reina tonta, voluble y sentimental. Noelia Campo interpreta a la pobretona y agotada sirvienta. Sebastián Serantes es el soldadito sin demasiadas luces que representa al rey y el sexteto de actores se complementa con el exageradamente caricaturesco galeno a cargo de Sergio Muñoz.

El espectáculo está muy bien cuidado en sus aspectos técnicos, con un colorido vestuario de Paula Villalba, sugestivas luces de Martín Blanchet y pocos pero efectivos elementos escenográficos a cargo de Claudia Schiaffino y Beatriz Martínez.

El espectáculo se realiza en el Museo del Carnaval frente al puerto montevideano, un nuevo espacio ganado para el teatro, pero que deberá vencer las reticencias de un público acostumbrado a las tradicionales salas céntricas.

Egon Friedler

Semanario Hebreo

27 de octubre de 2011

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