"El prisionero de la 2da. Avenida" de Neil Simon – Traducción : Mary Vázquez

Brillante comedia agridulce
Por Egon Friedler

"El prisionero de la 2da. Avenida" de Neil Simon – Traducción : Mary Vázquez – Con Hector Guido, María Azambuya, Walter Etchandy, Rebeca Franco, Solange Tenreiro y Ángeles Vázquez – Dirección : Jorge Denevi – En el Teatro “El Galpón” , enero 19

 

“El prisionero de la 2da. Avenida” de Neil Simon fue estrenada en Broadway con Peter Falk y Lee Grant en los papeles protagónicos en 1971 y estuvo dos años en cartel. En 1975 se rodó la excelente película con Jack Lemmon y Anne Bancroft que tuvo un merecido éxito mundial, y la obra teatral continuó representándose en todo el mundo. 

La versión que ahora presenta “El Galpón” ya fue dada hace poco menos de una década y su reposición prueba que la obra no ha envejecido en absoluto.

La trama no podía ser más sencilla. Mel, un empleado de una empresa de seguros es despedido y se recluye en su casa en un bochornoso verano neoyorquino. Como si quedar inactivo y sentirse inútil no fuera suficiente, le roban la casa, hay una huelga del servicio de limpieza de la ciudad y el mundo parece conspirar para crearle toda clase de contratiempos domésticos. Su esposa, Edna, sale a trabajar y se convierte en el “hombre de la casa”. Todo eso es más de lo que el pobre desocupado forzoso puede soportar y cae en una depresión nerviosa. Las tres hermanas y el hermano, con quien Mel tiene una relación no demasiado cordial ni cercana, tratan de ayudar. Pero el ofrecimiento de dinero hiere su amor propio y lo ayuda a recuperar su equilibrio y su sensatez. Edna, en cambio, asume la quijotesca personalidad de su esposo en la crisis. Ahora es ella la que hace suya la cultura de la queja y de la protesta ruidosa contra un mundo que no funciona como es debido.

La historia es tratada con un chispeante e ingenioso humor agridulce. El diálogo no tiene desperdicio en su comicidad, en su desparpajo y en sus sutiles entrelíneas dramáticas. Si bien la obra es esencialmente una comedia, es también una aguda y amarga reflexión sobre el rol del trabajo en la vida humana, sobre la pareja, sobre los valores de una sociedad en la que el éxito se mide con un criterio materialista. Sin duda, la escena más conmovedora de la pieza (y también de la versión) es la del estallido de angustia de Edna ante la posibilidad de que Mel pierda la razón y ella quede sola y desamparada. Pero ese no es único toque sombrío que Neil Simon sabe intercalar sabiamente en su divertido torneo de locuras. También aborda con notable habilidad el tema de la frialdad en las relaciones familiares en una sociedad que tiende a desintegrar a la institución familiar en su sentido más amplio. 

Jorge Denevi dirige la pieza con mano maestra. El ritmo y la intensidad de la acción física así los aspectos lunáticos de la conducta del personaje están marcados con notable puntería. No hay baches. La lógica escénica es impecable del principio al fin. Igualmente impecable es la actuación de los dos protagonistas. 

Hector Guido hace un Mel iracundo, ferozmente malhumorado e implacable en su enojo contra el universo, pero también supo dar la dimensión de patetismo y de desaliento del personaje. María Azambuya, en la mejor de las actuaciones que le vimos, estuvo espléndida como Edna oscilando admirablemente entre la ternura, la sensatez y el sano sentido común y la liberadora chifladura final. 

Como hermanos de Mel, complementaron con soltura y convincente caracterización el elenco Walter Etchandy, Rebeca Franco, Solange Tenreiro y Ángeles Vázquez. En total, es un muy recomendable reencuentro con una de las mejores comedias escritas en el siglo XX.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 25 de enero de 2007

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