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"El ornitorrinco"
de Humberto Robles - Con Laura Barboza, Alejandro Martínez, Ernesto Ruzich y Alfredo Alvarez - Dirección de Daniel Torres y Humberto Robles - En el Teatro "La Candela", febrero 8
Esta livianísima comedia es típica de nuestra época postmoderna en la que los valores son muy relativos y cambiantes y no hay nada absoluto ni siquiera en cuestiones aparentemente tan definidas como las identidades sexuales.
Para los lectores intrigados por el título, cabe señalar que se trata de un mamífero oriundo de Australia que es también ovíparo y que el título se debe a que la protagonista escribe su tesis doctoral sobre este animal que en el siglo XIX intrigó a los zoólogos. El autor, muy convenientemente, introduce algunas explicaciones seudo-pedantes acerca de este curioso animal pero los eventuales futuros espectadores poco propensos al estudio de la zoología no tienen de qué preocuparse. La ciencia en todo esto es solo un débil pretexto : la obra se concentra en tres temas asombrosamente similares : sexo, sexo y sexo.
Un triángulo formado por dos hombres y una mujer vive distintas peripecias bastante sorpresivas (aunque no para el espectador astuto y desconfiado) pero su historia termina con el happy end más previsible : los valores tradicionales quedan atrás, triunfa el "todo vale" postmoderno.
Para lo que estamos acostumbrados a ver en el teatro uruguayo, la puesta en escena es bastante audaz. Lo que suele ser el acto más íntimo en la vida de una pareja, es fugaz pero reiteradamente evocado en la penumbra. En cambio no son nada fugaces los desnudos de ambos sexos, siempre muy bien iluminados. En este aspecto es necesario admitir que el espectáculo es una fiesta tanto para "voyeurs" como para moralistas de pacotilla (a quienes por supuesto nadie obliga a ir al teatro).
En el plano estrictamente teatral el balance es, pese a un nada despreciable catálogo de aciertos, bastante más ambiguo. La dirección es competente y los actores realizan un buen trabajo. Laura Barboza es simpática y desenvuelta y encarna con una adecuada dosis de ingenuidad y saludable sentido común a su heroína dubitativa. Alejandro Martínez, al que le tocó el rol menos convincente y más reiterativo de la obra, se defiende con sus legítimas armas de comediante solvente y carente de inhibiciones. Ernesto Ruzich logra dar suficiente convicción a su personaje ambivalente y controvertible como para que no se note su carencia de autenticidad, mientras Alfredo Alvarez complementa a un nivel apenas discreto el elenco.
Pero la pieza tiene sus numerosos puntos débiles. En primer lugar, es demasiado reiterativa. Especialmente en el primer cuadro se repiten una y otra vez las mismas cosas. En segundo lugar, es demasiado monotemática. El tema daba para encarar las relaciones triangulares de sus protagonistas con un enfoque al menos un poco menos superficial de las complejidades de la psique humana y de las diferencias de sensibilidad entre los sexos. En tercer lugar, el final parece despegado del resto de la obra., lo que se debe a que los temas aludidos en la última escena apenas aparecen en el transcurso del interminable debate previo sobre cuestiones de sexo.
De todos modos, al espectador de ánimo indulgente y deseoso de pasar un "buen rato", "El ornitorrinco" le ofrece una diversión segura. |