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“El Misántropo” - de Molière – Versión y dirección: Elena Zuasti 

La sinceridad ¿defecto o virtud?
Por Egon Friedler

“El Misántropo”  - de Molière – Versión y dirección: Elena Zuasti – Con elenco integrado por Alejandro Campos, Juan Luis Granato, Federico Longo, Cecilia Patrón, Silvana Romero, Vanesa Castro, Yoni Kurlender, Alain Blanco y Verónica Caissiols – En el Teatro “La Candela”.

Para haber sido estrenada en el año 1666, “El misántropo” sigue teniendo una formidable vigencia. Molière hizo en ella una crítica a la clase aristocrática francesa de su tiempo, fustigando la adulonería hipócrita generalizada que se consideraba como un modelo de cortesía y buenas costumbres. Su héroe o anti-héroe, Alceste, era un rebelde contra esos convencionalismos, un intransigente defensor de la sinceridad a cualquier precio, que finalmente debió pagar el precio de su desafío a la sociedad : el fracaso amoroso y la soledad más absoluta.

Es la más ambigua de todas las piezas de Molière y permite enfoques contradictorios sobre su protagonista. Por ejemplo, en vida de Molière se solía ridiculizar al archimoralista Alceste lo que provocó la dura crítica del filósofo Jean Jacques Rousseau que se quejó de esta caracterización, aunque por otra parte opinó que “El misántropo” era la mejor de las piezas de su gran contemporáneo. 

La obra, en verso en el original, encierra valores tanto poéticos como filosóficos, pero hoy dar sus extensos cinco actos hubiera resultado problemático, por lo que Elena Zuasti optó por una versión que recoge lo esencial de la trama reduciendo el espectáculo a un poco más de una hora. Es una lástima que el programa de mano no ofrezca más detalles sobre la traducción y las pautas utilizadas para los cortes. De todos modos, la obra, transferida del siglo XVII a comienzos del siglo XX, es fiel al espíritu del original, si bien, a diferencia de las interpretaciones cortesanas de la época del autor, Elena Zuasti, opta por un “Misántropo” que es un arquetipo de sensatez y honestidad, una honestidad que llega a ser suicida. 

El problema de la versión es que el papel así concebido requiere un actor de gran talla, capaz de dar en toda su intensidad tanto la faceta trágica como la ridícula de su personaje. La discreta y excesivamente sobria interpretación de Alejandro Campos está muy lejos de ese enorme desafío. Desde mi óptica personal, tampoco es una opción feliz el enfoque elegido por la directora (o por la propia actriz) para el principal rol femenino. Celimena debe ser la encarnación de la frivolidad y la inconsciencia pero Cecilia Patrón la interpreta como una intrigante sin sentimientos cuya principal diversión consiste en burlarse de sus amistades. A mi juicio, Celimena es más cruel y al mismo tiempo más inocente en su vulgaridad que la cortesana chismosa y malevolente interpretada por Cecilia Patrón.

Más convincente me parece el enfoque elegido para el resto del elenco: la franqueza y el sentido práctico de Filinto (José Luis Granato) la jactanciosa pomposidad de Oronte (Federico Longo) la llaneza de Elianta (Vanesa Castro) la presuntuosidad de Clitandro (Yoni Kurlender) la vanidad amanerada de Acasto (Alain Blanco) el falso moralismo de Arsinoe (Verónica Caissiols) y el regocijante desparpajo de Silvana Romero en su doble rol de Criada y Du Bois. 

En el balance general, es una versión muy digna de un Molière que plantea con su ingenio característico un dilema que no ha perdido actualidad después de tres siglos : ¿ Es compatible la honestidad con la sumisión a los convencionalismos sociales?

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 1 de octubre 2009

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