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“El mago en el perfecto camino”
- de Ricardo Prieto – Con Gustavo Gomensoro y Horacio Nieves – Dirección : Gustavo Gomensoro – En Espacio Teatro, Mercedes 867.
Un personaje presumiblemente muy poderoso contrata por medio de una agencia a un joven intérprete para que traduzca una llamada muy importante que va a recibir del exterior. Para el joven, que pese a su solvente dominio de cuatro idiomas está desocupado, es una oportunidad para escapar a una situación económica desesperada. Eso lo aprovecha el empleador que inicia con el joven un cruel y prolongado juego sado-masoquista. Finalmente lo reduce a una condición de desnudez total, física y espiritual. Queda totalmente desamparado y a merced de una voluntad arbitraria que pretende despojarlo de su identidad y de su lugar en el mundo. El abuso de poder llega a lo intolerable. Pero finalmente la autoridad del empleador cesa de manera brusca y violenta. Resultó mucho más frágil de lo que parecía. El mensaje más obvio de la pieza está referido a los límites del poder.
Pero caben otras interpretaciones posibles : la visión metafísica de un mundo regido por un Dios lejano, incapaz de comunicarse en un lenguaje accesible a los seres humanos, la explosión de un homosexualismo no explícito que necesita de la violencia para manifestarse, el drama de la incomunicación llevado a sus últimas consecuencias….
El tenso diálogo está manejado con tal habilidad que asistimos a una especie de “thriller” psicológico en el que la confrontación entre ambos personajes se convierte en un duelo implacable en el que importa cada estocada verbal. Más allá de las diversas interpretaciones posibles, la pieza se ve como un apasionante acertijo policial.
Al interés de la acción se suma el acierto de una dirección afilada como un cuchillo cortante. No hay ningún movimiento escénico, ningún gesto grande o pequeño de los dos participantes en esta feroz puja que no tenga su lógica y enriquezca la trama. Gustavo Gomensoro, que asume el doble rol de director y de intérprete principal, realiza una labor notable como el despiadado empleador, marcando con impresionante autoridad escénica sus excesos y sus actitudes contradictorias y ocasionalmente ridículas. Horacio Nieves, que encarna a la joven víctima, gradúa hábilmente la degradación de un personaje. Los cambios en sus expresiones faciales, en su lenguaje corporal, en la evolución de su rebeldía contra el juego humillante al que es sometido, son admirables en su intensidad, su verdad psicológica, su expresividad.
En suma, se trata de un espectáculo imperdible….. tan imperdible que vale la pena rebelarse contra la rutina e ir al teatro un lunes, que es el único día de la semana en que se presenta. |