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“El jardín de los cerezos”
- de Antón Chejov (1860-1904) – Con la actuación de Myriam Gleiger, Estefanía Acosta, Alicia Alfonso, Walter Rey, Héctor Guido, Gustavo Alonso, Luis Fourcade, Solange Tenreiro, Pablo Pipolo, Marina Rodríguez, Julio Calcagno, Pablo Dive y Sergio Lazzo – Dirección general: Dervy Vilas – Escenografía: Osvaldo Reyno – Vestuario: Nelson Mancebo – Música: Coriún Aharonian – Iluminación: Fernando Tabaylain – En el Teatro “El Galpón”
Como lo señala con acierto el crítico británico Allardyce Nicoll en su “Historia del teatro mundial” refiriéndose a “El jardín de los cerezos” : “En este drama en que las lágrimas se mezclan con la risa, las esperanza con la desesperación, Chejov lleva hasta los límites más remotos su peculiar poder de sugerir la soledad interior de sus personajes. Cada cual habla para sí mismo y no hay nadie que escuche.”
Chejov logra transmitir como nadie ese desamparo profundo del ser humano, esa imposibilidad de salir de sí mismo y de encontrar la siempre elusiva felicidad. El gran escritor ruso ve su mundo con lúcida tristeza y transmite un mensaje de tímida y al mismo tiempo entrañable solidaridad. El médico-escritor siempre da un diagnóstico certero pero sugiere con inteligencia que las enfermedades del alma no son curables.
Todo esto no es nada fácil de transmitir en una puesta en escena y su grado de éxito depende en la capacidad del director de acercarse a esa mezcla encontrada de fantasías quiméricas, destinos frustrados e ilusiones de futuros venturosos. Y en este caso esa capacidad se manifestó de manera muy evidente.
Dervy Vilas logró un acercamiento notable al mundo chejoviano, con su poesía, su melancolía, su refinada ambigüedad. Supo dar un ritmo y un clima adecuados a la acción, se apoyó en un elenco mayoritariamente sólido y muy competente y pudo contar con la colaboración de técnicos de indudable jerarquía artística, como Osvaldo Reyno que montó una planta escenográfica de gran belleza y sugestión ; como Nelson Mancebo, que creó un vestuario hermoso y al mismo convincente por su discreción ; como Coriún Aharonián, que compuso una música delicada, con finos toques de melancolía rusa ; como Fernando Tabaylain, que realizó un sutil e inteligente trabajo de iluminación.
A ellos cabe sumar el excelente trabajo de los actores. Myriam Gleijer encarnó a una espléndida Liubov, frívola, soñadora y sentimental. Walter Rey, como su hermano Leonid, fue su convincente contraparte, igualmente irresponsable en cuestiones económicas, atado a añoranzas inútiles e incapaz de adaptarse a un mundo cambiante. Estefanía Acosta supo dar frescura y simpatía a su rol de hija de Liubov.
Héctor Guido interpretó con convicción al mujik enriquecido, materialista y práctico, que compra el jardín de los cerezos para destruirlo y hacer algo rentable con la tierra. Luis Fourcade, logró dar genuina credibilidad a su rol de personaje mundano y pedigüeño crónico. Menos convincentes en distinto grado estuvieron en roles menores Alicia Alfonso, Gustavo Alonso, Solange Tenreiro, Pablo Pipolo, Pablo Dive y Sergio Lazzo. El rol de lacayo anciano interpretado por Julio Calcagno, a mi juicio, hubiera ganado, con un ceño menos adusto y una conducta más notoriamente ingenua.
Pero en el balance general, es la versión muy recomendable de un clásico magistral que puede verse en infinitas versiones sin que envejezca nunca.
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