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“El enfermo imaginario”
- de Molière – Traducción y versión de Juan Antonio Saraví – Con la actuación de Pepe Vázquez, Cristina Machado, Alejandra Wolf, Elisa Contreras, Miguel Pinto, Luis Martínez, Levón, Pablo Varrailhon, Jimena Pérez, Delfi Galbiati, Jorge Esmoris y Daniel Spinno Lara – Con los músicos Pablo Machado (acordeón) Fernando Alonso (bajo) Ernesto Veneziano (percusión) Martín Morón (trombón) y Gonzalo Durán (guitarra) – Escenografía: Gerardo Bugarin – Vestuario: Mónica Talamás (vestuario) Luces (Carlos Torres) Música original (Gonzalo Durán) – Dirección
general: Juan Antonio Saraví.
¿Cómo mantener la frescura de un clásico? ¿ Cómo transmitir la esencia y dejar de lado las referencias temporales? El tema no es sencillo y a menudo vemos a ilustres artistas tropezando con intentos frustrados que, o huelen a naftalina, o modifican caprichosamente el texto tergiversando sus intenciones originales.
El mayor éxito de esta versión traducida y dirigida por Juan Antonio Saraví fue la conservación de la trama en sus aspectos fundamentales, dejando de lado elementos accesorios como el florido prólogo que hoy parece claramente obsoleto. Las modificaciones del texto no son substanciales. Simplemente actualizan el lenguaje pero no modifican el chispeante ingenio de los diálogos de Molière.
El adaptador y director reduce los tres actos de la obra a una secuencia sin interrupción de poco menos de dos horas y sitúa la acción en un escenario actual, con un vestuario de nuestros días y un lenguaje coloquial que barre con las solemnidades del siglo XVII. El resultante es genuinamente divertido.
Como director, Juan Antonio Saraví impone a la versión un ritmo fluido, sin una aceleración exagerada pero también sin lentitudes letárgicas. Por lo demás, cuenta con un excelente elenco que saca muy buen partido de la comicidad de la pieza y disfruta y hace disfrutar los certeros dardos de Molière contra su blanco favorito : la indestructible estupidez humana.
Pepe Vázquez, en el rol protagónico, sabe dar convicción a su personaje de hipocondríaco crédulo, caprichoso y tozudo, que pretende que todo el mundo gire en torno a su monomanía. Su sonrisa tonta siempre está a flor de labios pero en su lugar aparece un furioso rictus de indignación si alguien se atreve a cuestionar su querida obsesión. Cristina Machado es la sirvienta- arregladora de entuertos típicamente molieresca, en su picardía, su ingenio y su arrolladora simpatía. Entre los personajes ridículos, cabe destacar las excelentes viñetas de Daniel Spinno Lara, como doctor maniático, de Jorge Esmoris como farmacéutico grotesco, de Levón como médico empecinado en sacar todo el partido posible a su porfiado paciente, de Miguel Pinto como escribano manipulador, Elisa Contreras como esposa hipócrita y codiciosa y Pablo Varraillon como caricaturesco pretendiente de la heredera del enfermo vocacional. Entre los personajes “positivos” cabe citar a Alejandra Wolff como la simpática y despistada hija del gran cargoso, Luis Martínez como su atribulado enamorado y Delfi Galbiati como el hermano sensato del achacoso protagonista. Complementa el elenco dándole un toque adicional de frescura Jimena Pérez en un rol de niña.
La escenografía de Gerardo Bugarin y el vestuario de Mónica Talamás interpretan perfectamente la concepción del director : una vaga actualidad que no resulte demasiado contradictoria con la trama de la comedia. La música original de Gonzalo Durán a cargo de un quinteto en el que él mismo toca la guitarra, anima, con su chispa y alegría, el desarrollo de la acción. En suma, es un clásico que habrá de gustar a todas las edades y solo puede molestar a hipocondríacos y a personas que decididamente no tienen ni una pizca de sentido del humor. |