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“Doña
Ramona”
–de Víctor Manuel Lentes – Con dirección de Jorge Bolani – Por la Comedia
Nacional con actuación de Florencia Zabaleta, Catherina Pascale, Andrea
Davidovics, Alejandra Wolf, Luis Martínez, Jimena Pérez y Cristina
Machado – Escenografía: Osvaldo Reyno – Vestuario: Soledad Capurro –
Iluminación: Pablo Caballero – En la Sala Zavala Muñiz del Teatro Solís
¿En qué radica la formidable vigencia de
esta pieza que de hecho se ha convertido en un clásico y es una de las
piezas uruguayas llevadas a la escena con mayor frecuencia?
Sin duda, en que, a pesar de la sencillez de su trama, ofrece un
formidable retrato de una época y una clase social describiendo una
familia típica del Montevideo provinciano y cargado de prejuicios de
comienzos del siglo XX. Con humor e inteligencia, la pieza nos ofrece
varios convincentes retratos sicológicos y denuncia las relaciones de
poder en una cultura machista y profundamente conservadora así como la
hipocresía de la moral sexual imperante. El diálogo es de singular
agudeza ; cada frase es reveladora de manera distinta y hace avanzar la
trama con admirable naturalidad desde un inicio costumbrista hasta un
final intensamente dramático.
Jorge Bolani, quien en este trabajo se revela no menos talentoso como
director que como actor, es sumamente cuidadoso en todos los detalles de
la puesta. Con una excelente escenografía de Osvaldo Reyno, que da una
cabal idea del mobiliario habitual de las casas de la alta burguesía
montevideana a comienzos del siglo pasado, un vestuario de Soledad
Capurro que recrea admirablemente los gustos de la época y una
iluminación de Pablo Caballero que combina discreción y eficacia en la
creación de los climas de la obra, Bolani manejó la acción escénica con
impecable fluidez. Supo cambiar sutilmente los ritmos y manejó con mano
maestra la interacción en ese mundo femenino, en el que sin embargo, la
última palabra siempre es la del hombre, dueño de fortuna y de destinos.
Pero claro está, que por mejor que haya sido su esfuerzo en el montaje
de la obra éste habría resultado trunco de no contar con un elenco que
tuviera la flexibilidad suficiente como para encarnar de manera
genuinamente creíble sus personajes. Felizmente, en esta feliz versión
de la obra de Victor Manuel Lentes inspirada en la novela de José Pedro
Bellán (1889-1930), la Comedia Nacional una vez más, ha puesto en
evidencia la excelencia de su elenco, en esta oportunidad, de acuerdo a
las necesidades de la obra, casi íntegramente femenino.
Andrea Davidovics, en el rol de la hermana mayor, impone su estampa de
mujer enérgica, egoísta, amargada, autoritaria e implacable en la
defensa de sus intereses. Florencia Zabaleta está impecable como la
hermana idealista, soñadora, amable e inmadura y Alejandra Wolff
complementa el trío de las hermanas, con una espléndida interpretación
de la hermana más frívola, sensual, haragana y atolondrada. En el rol
titular, Jimena Pérez, imprime una extraordinaria autenticidad a su rol
de fanática religiosa vencida por sus instintos y enfrentada a un mundo
cruel y desconocido. Particularmente destacado y disfrutable es el
desempeño de Catherina Pascale como la criada analfabeta pero astuta,
sometida pero combativa, obediente pero secretamente rebelde,
representante de la sana sensatez popular en un mundo señorial falso y
artificial. Complementa convincentemente el elenco femenino en un
pequeño rol complementario de dama de sociedad, Cristina Machado.
Luis Martínez cumple muy bien el difícil cometido de único hombre en ese
complicado mundo femenino. Da con naturalidad al señorito educado y
formal, rígidamente atado a los convencionalismos de su clase, que puede
desbocarse cuando la bebida le hace olvidar su sometimiento a la
dictadura de las buenas costumbres.
En síntesis, en una cartelera muy nutrida, esta “Doña Ramona” es una
creación mayor, un espectáculo perfectamente exportable y quizás la
mejor elección para recomendar a visitantes del exterior. |