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“Desconcierto breve desconcierto”
- espectáculo de humor de Pedro Paiva a cargo de Alejandro Orlando y Pedro Paiva “Los modernos” – En el Teatro del Moviecenter, jueves 10.
La respuesta dada por el dúo Paiva-Orlando a la pregunta del título es entusiastamente afirmativa. La pareja de cómicos se dedica a maltratar, martirizar , torturar y hasta despedazar a las palabras con la tranquilidad de que éstas serán impotentes para reaccionar. Después de todo, saben perfectamente que no habrá abogado alguno que pueda defenderlas. Indiferentes a las enseñanzas de Ludwig Wittgenstein y de todos los filósofos que alguna vez tomaron en serio al lenguaje, ellos se regodean con quitarle su más preciado certificado de identidad : su capacidad de darle sentido a las cosas.
Ellos proclaman alegremente que nada tiene sentido y lo hacen en un show singular en el que entre otras ofensas al sentido común hablan en un lenguaje al que se ha despojado de la última sílaba creando feroces cacofonías que no tienen el menor parentesco con el idioma español tal cual lo ha santificado la Real Academia española.
En su exploración de los vastos territorios del absurdo llegan a raros descubrimientos. Por ejemplo, sostienen que el pesimismo es un peso en sí mismo, que la palabra es una pala que labra y que novio es el que no vio. En la misma tónica proclaman que el “verbo se hizo carne y nos lo comimos asado” y que “si en lugar de madera fuera de harina, Pinocho sería un bizcocho”. Con la misma profundidad analítica sostienen que “ si los tres reyes magos son los padres, entonces mi madre no es mujer y además tengo dos padres” , que “si madre hay una sola entonces todos somos hermanos” y que “si el patrimonio es la suma de todos los bienes, el matrimonio es la suma de los males”.
Estas amables herejías las proclaman los auto-designados “Modernos” con velocidad supersónica. Hay que seguirlos con mucha atención porque disparan las palabras como si utilizaran una ametralladora automática. Además ocasionalmente, sin provocación razonable alguna de por medio, se ponen a cantar y bailar y extrañamente, sin disponer de acompañamiento alguno, lo hacen razonablemente bien.
En general, su show, con escenografía inexistente, es más bien sencillo, pero en particular, su vestimenta es auténticamente desconcertante. Pero más vale no preguntar a qué responde la excéntrica combinación de saco formal y pollerita informal. Seguramente sigue la extrañísima lógica de todo el espectáculo, o dicho con mayor precisión, a la exquisita ausencia de la misma.
Lo raro es que este show no demasiado anunciado ni publicitado y que sin embargo lleva varios años de triunfal recorrida por España y por Argentina, haya convocado a un público muy numeroso y entusiasta. Cabe felicitar a este público por su buen olfato. Al argentino de verdad Alejandro Orlando y al uruguayo cordobés adoptivo Pedro Paiva no hay porqué felicitarlos. Con el eco de los aplausos y el éxito de público y de taquilla les alcanza y les sobra.
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