"Delmira" - de Milton Schinca

Esfuerzo meritorio
Por Egon Friedler

"Delmira" de Milton Schinca – Dirección : Carlos Aguilera – Con la actuación de Mónica Serrano, María Eugenia Gómez, Luis Jaunarena, Moreno Maiche, Carmen García, Martín Hugo y Richard da Silva – En el Club Biguá.

 

Esta pieza fue estrenada en 1986 por la Comedia Nacional en una espléndida versión en la que brillaron los tres co-protagonistas, Jaime Yavitz como Enrique y Elisa Contreras y Gloria Demassi como las dos “Delmiras”. Es muy difícil competir con ese formidable recuerdo, de cuya brillantez, el actual espectador puede tener algún indicio a través de un poema de Delmira Agustini leído en off por Elisa Contreras.

Sin duda, no es justo comparar la gran versión profesional presentada hace más de dos décadas y la meritoria actuación en estos días de esforzados aficionados. Pero quizás lo que más importa subrayar es que la pieza demuestra tener una indiscutida vigencia. El original recurso de Milton Schinca de utilizar a dos actrices simultáneamente para interpretar a la gran poetisa uruguaya, no para marcar contrastes ni para exponer una escisión patológica de su personalidad, como lo señala lúcidamente el autor en su breve y elocuente comentario en el programa de mano, sino por “una disyunción desgarrada de su manera de sentir el mundo” imprime a la obra una formidable tensión, una enorme riqueza conceptual y una notable sugestión dramática. 

No solo el hermoso texto de Milton Schinca funciona admirablemente. Asimismo constituye un acierto el singular espacio escénico ideado por Susana Cyjon, con dos hermosos retratos de Delmira como fondo, al igual que la iluminación diseñada por Carlos Torres que a la vez subraya y oculta los claro-oscuros de la personalidad fascinante y al mismo cruel y autodestructiva de la poeta. En cambio, parece discutible que Fernando Condon haya considerado necesario crear una áspera música de introducción en lugar de confiar toda la parte musical al genio de Chopin, que de todos modos resultaba imprescindible en el contexto de la obra. 

Si estos elementos de ambientación estuvieron generalmente bien manejados, igualmente eficaz fue la acción escénica orquestada por Carlos Aguilera. El experimentado y solvente director supo mantener un impecable equilibrio entre la vibración trágica de la pieza y su resplandor poético, entre su delicado intimismo y su amarga anécdota que termina por ser policial. 

Pero en “Delmira” importa sobre todo el rendimiento de los actores y éste tuvo notorias limitaciones. Del trío protagonista, la que más logró acercarse al mundo torturado y onírico de Delmira fue Mónica Serrano, tanto en la transmisión del texto como en su sensible lenguaje facial y corporal. En cambio, María Eugenia Gómez no pudo desprenderse de un esquema interpretativo predeterminado que a menudo pareció imprimir a su rol algo mecánico e inauténtico. Tampoco resultó totalmente convincente el Enrique de Luis Jaunarena, que si bien logró transmitir su pasión por una mujer para él incomprensible, no logró dar sus rasgos de machismo, vulgaridad y violencia que explican en definitiva que su accidentada relación con Delmira terminara en tragedia. 

Del resto del elenco, la actuación más medida y convincente fue la de Moreno Maiche en el rol del padre. En cambio Carmen García no logró encarnar con suficiente convicción esa mezcla de autoritarismo y snobismo de clase alta que constituye el rasgo definitorio de su personaje. El André de Martín Hugo, si bien estuvo bien en carácter , pareció demasiado joven para el rol (sobre todo considerando la elección de ambas Delmiras). En su breve intervención, Richard da Silva, no logró transmitir ni la fuerza de personalidad ni el carisma que su rol de político exitoso reclamaba.

En síntesis, la obra es lo suficientemente interesante como para ser vista más allá de sus limitaciones de elenco.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 5 de julio de 2007

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