Amigos protectores de Letras-Uruguay

“Cuento de invierno”  – de William Shakespeare

Tragedia con final feliz
Por Egon Friedler

 

“Cuento de invierno”  – de William Shakespeare – Dirección: Levon – Con elenco integrado por Delfi Galbiati, Jimena Pérez, Pedro Cruz, Juan Vorobiov, Andrea Davidovics, Luis Martínez, Mariela Magiolli, Carolina Faux, Fernando Vannet, Rodrigo Garmendia, Gonzalo Queirós, Ricardo Couto, Germán Weinberg, Luis Musetti, Gustavo Antúnez, Yamandú B.Brochado, Mario Jalisca, Oscar Serra, Levón, Leandro Nuñez, Florencia Zabaleta, Alvaro Pozzolo y Micaela Fernández – Escenografía: Osvaldo Reyno – Luces: Verónica Loza – Vestuario: Carlos Pirelli – Música: Sergio Fernández - Espectáculo de la Comedia Nacional, En el Teatro Solís.

 

Algunos comentaristas y críticos consideran que “Cuento de invierno” es una de las obras “problema” de Shakespeare porque mezcla, quizás más que en ninguna de sus otras obras, la tragedia con la comedia. Otros críticos no ven ningún problema y la definen simplemente como tragicomedia. Lo cierto es que en el texto los dos primeros actos y las dos primeras escenas del tercero son trágicos y a partir de la tercera escena del tercer acto la obra se define como comedia hasta el final del quinto acto (la versión de la Comedia Nacional redujo la obra a dos partes). 

El tema central de la historia es, como en Otelo, el drama de los celos. Sin embargo, el enfoque de Shakespeare del tema es muy diferente en una obra que en otra. Como observa Luis Astrana Martín en su erudito estudio preliminar a su versión al español de las Obras Completas del bardo inglés : “Se ha querido ver en el personaje de Leontes, una variante de Otelo. Sin embargo, los celos de uno y de otro no ofrecen nada de común. Los celos de Leontes son una aberración, consecuencia de un espíritu débil”. Por otra parte, en “Cuento de Invierno” no hay ningún Yago que incite al protagonista. Sus celos surgen como una obsesión repentina y enfermiza y el arrepentimiento llega inmediatamente después de darse a conocer sus tremendas consecuencias. Pero luego, el cuento de invierno se convierte en cuento primaveral. Comienza a imperar un clima leve y juguetón y ya nos encontramos con los típicos elementos de la comedia shakespeariana : jóvenes amantes separados por padres poderosos y despóticos y picardías, desencuentros, aventuras y sorpresas varias que conducen a un final festivo, en el que triunfan la reconciliación y el perdón. 

No es fácil armar la obra dándole una definida unidad, pero Levon como director solucionó sin dificultades este escollo estilístico, imprimiendo a la trama un gran dinamismo. Las escenas se suceden rápidamente y con gran fluidez. Por lo demás, el enredado tejido argumental del genial dramaturgo inglés, tiene su lógica y su consistencia.

Hay aspectos de la puesta que pueden ser polémicos o discutibles. Por ejemplo, puede discutirse el enfoque demasiado caricaturesco para un rol como el del Pastor o la imposición de un vestuario demasiado uniforme. En cambio, hay aspectos sofisticados e interesantes en la parte musical del espectáculo, una escenografía sencilla pero de gran efecto plástico de Osvaldo Reyno y un buen trabajo de iluminación a cargo de Verónica Loza, pero sobre todo, este Shakespeare ratifica una vez más la excelencia del elenco de la Comedia Nacional, enriquecida con numerosos actores invitados.

Encabeza el elenco con un trabajo histriónico de notable intensidad Delfi Galbiati, quien sabe dar a su protagonista la desmesura, la alienación y el carácter obsesivo del personaje, sin llegar en ningún momento a esa delgada línea que separa a la tragedia del ridículo. Oscar Serra, como su amigo sospechado de infidelidad, realiza un trabajo muy preciso imprimiendo a su rol la mezcla de sensatez y autoridad que le asigna la trama. Jimena Pérez es una reina a la vez digna y frágil ; Andrea Davidovics, en el rol de la justiciera que se atreve a enfrentar al rey, da a su personaje clave en la historia la simpatía y el desparpajo necesarios; Juan Vorobiov es un convincente consejero que asume grandes riesgos para impedir desastres mayores ; Florencia Zabaleta y Yamandú Barrios Brochado componen una atractiva y desenvuelta pareja joven y Gustavo Antúnez hace un tonto creíble con su insólita y torpe credulidad. Pero sin duda, quien tiene la mayor oportunidad para el lucimiento y la aprovecha magníficamente es Leandro Nuñez, quien encarna a Autólico, el locuaz y simpático pillo de la historia. El resto de los actores, desde el niño Pedro Cruz al veterano Mario Jalisca, complementan con eficacia un elenco notablemente bien elegido.

En resumen, es un Shakespeare para no perder.

Egon Friedler

Semanario Hebreo

2 de junio de 2011

Ir a índice de Teatro

Ir a índice de Friedler,  Egon

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio