| "Crónica de un amanecer" de Lucía Arbondo, Jorge Mautone e Iván Solarich |
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Amanecer grisáceo |
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"Crónica de un amanecer" de Lucía Arbondo, Jorge Mautone e Iván Solarich – Dirección de Lucía Arbondo – Actuación de Jorge Mautone e Iván Solarich – En el Espacio Barradas del Museo Blanes en el Prado – Domingo 4
La pieza, creación colectiva de la directora y los dos actores, trata de dos hermanos muy diferentes en carácter que se reencuentran después de largos años de separación. Su infancia no ha sido feliz. El padre, desocupado, alcohólico y violento se ha ensañado con el fantasioso hermano menor. El mayor, que tiene los pies en la tierra, se las arregla para no ser blanco de las rabietas del padre. Finalmente el menor se fuga y desaparece durante años de la vida de la familia. El reencuentro de los hermanos, ya muertos los padres y muerta una mujer entrañablemente unida a la familia, quizás sea el comienzo de un proceso de cicatrización de las heridas dejadas por una infancia traumática. El título de la obra tiene un moderado toque de optimismo. En realidad, el amanecer que nos presenta es bastante grisáceo. Más adelante, podrá o no, salir el sol.
La obra no se ocupa de los años de alejamiento ni de las peripecias que pasó el hermano menor luego de fugarse a muy temprana edad del hogar en que era ferozmente castigado. La historia se centra en la infancia, en los sueños y las frustraciones de ambos niños, en su adaptación a un mundo sórdido y carente de esperanzas, en las diferencias de carácter entre los dos hermanos y su distinta capacidad de resistencia a la adversidad.
La trama está bien construida y los saltos del pasado infantil al presente adulto están planteados con inteligencia y convincente teatralidad. Pero sobre todo están espléndidamente actuados por Iván Solarich y Sergio Mautone. Solarich logra encarnar a su niño soñador agobiado por una dura realidad familiar con una ternura, una convicción y una gracia que en ningún momento pareció artificial o impostada. Mautone por su parte logró dar a su personaje de hermano mayor su carga de rebeldía y al mismo tiempo de sentido práctico. Ambos tuvieron actoralmente, momentos de particular brillo. Solarich, en los momentos de desamparo, llanto y desesperación. Mautone, cuando vive la peor de las experiencias escolares : la vergüenza.
Lucía Arbondo supo dar agilidad a la acción escénica utilizando muy bien el espacio del Barradas y utilizando eficazmente la colaboración de Elías Pereira (Luces) y Andrés Bastiani (Música).
La obra marca el bienvenido regreso a la actividad teatral de "Trenes y Lunas" un grupo que nunca fue numeroso pero que tuvo y sigue teniendo una considerable abundancia de talento.
El espacio Barradas está algo alejado del círculo céntrico y no es un escenario particularmente tentador. Sin embargo, el viaje al Prado, que después de todo, no es demasiado largo desde ningún punto de la ciudad, vale la pena. |
Egon
Friedler
Semanario Hebreo
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