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“Cielo rojo: el sueño bolchevique”
- Creación y dirección de Helena Tritek – En el marco del ciclo de teatro argentino en “El Galpón” – 28 de marzo.
Vladimir Maiakovksi (1893-1930) fue un poeta y dramaturgo revolucionario ruso, que posteriormente a su suicidio en 1930 fue proclamado oficialmente por Stalin como el mayor poeta de la era soviética. Sin embargo, Maiakovski, que en su juventud sufrió persecuciones y fue encarcelado por su actividad revolucionaria contra el zarismo, y que en los primeros años de la Revolución fue su ferviente propagandista, en sus últimos años se desengañó de la vida soviética y entró en claro conflicto con los círculos dirigentes. En su obra de teatro “La chinche” de 1929 hizo una crítica dura y punzante de la burocracia soviética. Si bien nunca se han dilucidado las causas de su suicidio y los especialistas están convencidos de que jugó un rol decisivo su “amor loco” por Lila Brik, el amor de su vida, hay abundantes evidencias de que no resultó menos determinante en su trágica decisión el creciente aislamiento político del poeta atacado a diestra y siniestra por críticos identificados con el stalinismo dominante.
Ana Ajmatova (1889-1966) no acabó su vida disparándose un tiro a la sien como Maiakovski pero su vida no fue menos trágica.
Nació como Ana Andreyevna Gorenko en Odessa, como hija de una familia noble de origen tártaro, pero adoptó el nombre de su abuela, Ajmatova para su labor literaria ya que su padre no quería ver versos impresos bajo su “respetable apellido”. Estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo y en 1910 se casó con el poeta Nikolai Gumiliov, con quien tuvo su único hijo, Lev, que posteriormente llegó a ser un conocido historiador. En 1921, su primer marido fue acusado de conspiración y fusilado. Su segundo matrimonio, con el especialista en historia asiria, Vladimir Shileiko duró aún menos que el primero (1918-1922). El tercer y último matrimonio de Ajmatova (1922-1938) fue el mayor duración pero también terminó trágicamente. Su tercer marido, el historiador de arte Nikolai Punin murió de agotamiento en un campo de concentración en 1938. También Ana y su hijo fueron recluidos en campos de concentración desde 1937 a 1944. En plena Segunda Guerra Mundial, Ajmatova pudo volver a Leningrado, una ciudad devastada después del asedio nazi. En 1945 tuvo un largo encuentro con el entonces joven intelectual británico Isaiah Berlin a quien le leyó sus poemas y le contó su vida. Berlin publicó sus impresiones sobre la entrevista y esto llevó a que el hijo de Ajmatova volviera a ser encarcelado por diez años.
Pero a partir de la década del sesenta el régimen comenzó un proceso de liberalización hacia los intelectuales que habían sufrido la represión stalinista, y el gran poema de acusación al régimen comunista “Réquiem”de Ajmatova se publicó en Munich en 1963 sin su consentimiento, lo que no le acarreó consecuencias negativas. En 1964, en honor a su 75 cumpleaños, se publicaron nuevas recopilaciones de sus poemas. Ese mismo año, viajó a Taormina, Italia, donde recibió un Premio Internacional de Poesía y al año siguiente viajó a Oxford, Inglaterra, donde fue nombrada “Doctor Honoris Causa”. El 5 de marzo falleció de un infarto en un sanatorio en las afueras de Moscú y fue enterrada en Komarovo, la localidad en que vivió sus últimos años. Su obra, que fue traducida a diferentes lenguas, solo se publicó íntegramente en ruso en 1990.
Ninguno de estos aspectos biográficos aparece en “Cielo rojo” pese a que en su presentación del espectáculo Helena Tritek dice que éste fue escrito “a partir de la vida y obra de los grandes poetas soviéticos : Vladimir Maiakovski y Ana Ajmatova, desde sus inicios en las tertulias del cabaret literario “La linterna roja” exaltados por el fin del zarismo y el comienzo de una era”.
Sin duda, aparece el Maiakovski entusiasta de la Revolución de Octubre y también se sugiere, muy discretamente, que alguien uniformado, puso un revólver a su alcance para que se mate. Pero el conflicto de Maiakovski con el régimen no se menciona. En cuanto a Ajmatova, solo aparece pálidamente representada por unos pocos poemas. De su vida no se dice nada.
Lo que sí hay en abundancia es propaganda comunista no al estilo de los años sesenta sino de los treinta, cuando en el mismo momento en que miles desaparecían a diario en los campos de concentración soviéticos, fervorosos comunistas en Occidente afirmaban que la Unión Soviética era un paraíso terrenal.
La obra comienza con un discurso nostálgico de la autora acerca de su juventud en el Partido Comunista argentino, la obra está ilustrada con varias canciones rusas que alcanzaron una gran popularidad durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cerca del final hay un inflamado discurso de culto a la personalidad pero no de Stalin sino de Lenin, y culmina con el himno soviético en una estridente banda sonora en un escenario cubierto de banderas rojas.
El elenco es disciplinado y se mueve con destreza en el escenario. Asimismo se luce en algunas escenas el actor que hace de Maiakovski ( ¿ Esteban Meloni?).
Pero estos magros méritos son demasiado poca cosa y no justifican en absoluto esta patética bofetada a la Historia del siglo XX. |