“Canción de cuna para un anarquista" - de Jorge Díaz 

Diálogo entre fantasmas
Por Egon Friedler

"Canción de cuna para un anarquista" de Jorge Díaz – Con Maruja Fernández y Walter Rey – Dirección : Sergio Lazzo – En la sala “Cero” de “El Galpón”.

 

El autor chileno, recientemente fallecido, Jorge Díaz, reúne en esta pieza a dos personajes bastante insólitos : una viuda, que podría haber sido la asesina de su esposo y un vagabundo demente convencido de ser un anarquista que tiene la misión de hacer volar un tren en el que viaja ni más ni menos que Adolfo Hitler. La acción se desarrolla en la actualidad y el lugar de encuentro es el mausoleo donde está enterrado el marido de la viuda. La mujer pretende instalarse allí ya que ha sido expulsada de su casa porque su esposo dilapidó hasta el último centavo de la pareja. Sin embargo, la viuda, extravagantemente vestida como una próspera burguesa de fines del siglo XIX, no parece demasiado preocupada y una vez pasado el susto inicial, inicia una larga conversación con el vagabundo al que encontró durmiendo en el cementerio, junto al mausoleo donde está enterrado su marido.

Ésta sería una primera interpretación literal de la pieza. Es posible otra lectura : el vagabundo no sería sino producto de la mente enfermiza de la viuda que podría estar no menos loca que el anarquista de su imaginación. 

Las diferentes interpretaciones posibles de la pieza no cambian demasiado su esencia ; se trata de una larga elucubración entre dos fantasmas sobre la soledad, los sueños, el pasado, los ideales y las ilusiones. El problema de la pieza es que ni los personajes resultan auténticos ni su conversación tiene genuino vuelo poético. Por ello, toda la problemática presuntamente vivida por los personajes parece tan artificiosa e inconsistente como la pretensión del autor de unir a ambos personajes en un pasado inventado. Su diálogo es antojadizo, irreal, carente de consistencia dramática.

De poco sirve el formidable despliegue de recursos de Walter Rey, un actor completo que se juega a fondo en la interpretación de cada rol. Tampoco redime la pieza, el plausible aunque excesivamente elaborado desempeño de Maruja Fernández. Sergio Lazzo como director, utiliza convincentemente los contrastes de clima y de intensidad de la pieza para darle movilidad y tensión. Asimismo hace buen uso del excelente trabajo de iluminación de Fernando Tabaylain. Pero en total, todos estos méritos no logran infundirle convicción a una pieza con un mal argumento, un desarrollo caprichoso y un diálogo que pese a sus pretensiones de trascendencia, suena a hueco.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 9 de agosto de 2007

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