| "El café de Wally" de Ron Clark y Sam Bobrick |
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El fracaso fue una fiesta |
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"El café de Wally" de Ron Clark y Sam Bobrick – Traducción : Susana Groisman – Con Ariel Caldarelli, Susana Groisman e Ileana López – Escenografía : Alvaro Bonaglia – Dirección : Jorge Denevi – En la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos, octubre 14 Wally, el protagonista de esta comedia, es el típico fracasado en la sociedad norteamericana. Arrastra a su joven mujer a un lugar perdido cerca de una carretera para establecer un restaurante de hamburguesas, pero no tiene en cuenta que hay otro negocio similar, mejor situado y más grande en las cercanías. Pese a todo, la pareja logra sobrevivir a lo largo de más de cuatro décadas pero solo alcanza un nivel de vida mediocre envidiando siempre a sus más afortunados competidores. Lo único interesante que les pasa en su existencia rutinaria y aburrida (no pueden tener hijos) es la irrupción en sus vidas de una chica pueblerina, que se ilusiona con llegar a ser una actriz de Hollywood. Por supuesto, fracasa, vuelve al "Café de Wally" y se convierte en empleada, confidente y amiga de la pareja. Un buen día desaparece y solo reaparece muchos años después sumamente transformada y con buenas noticias, precisamente cuando sus amigos finalmente liquidan el negocio……pero para internarse en una residencia para ancianos. Wally no es como el Willy Loman de "La muerte de un viajante" un personaje patético ni trágico. Es soñador, obtuso y obstinado : un tonto simpático, al que su esposa, un poco más lúcida, quiere a pesar de sus defectos. Los ocasionales adulterios por parte de ambos no tienen demasiada incidencia en sus vidas. Tampoco las crisis periódicas y las rebeliones y amenazas de partida de la esposa. La moraleja de la pieza es que el amor puede ser un buen antídoto contra las miserias de la rutina, la falta de alicientes y la cotidianidad gris y sin esperanzas. La conclusión, algo escéptica e irónica de la pieza, es que de alguna manera el fracaso de la pareja fue una fiesta. Lo que da sabor a esta historia aparentemente desabrida es el ingenio del diálogo, la mezcla de picardía y penetración sicológica con la cual los autores enfocan a los tres personajes, su humor inteligente, a la vez incisivo y bonachón. Pero esta comedia con un argumento que podría haber sido trágico, no es nada fácil de hacer. Con un director de mano menos segura que Jorge Denevi el aburrimiento de sus personajes hubiera podido contagiarse fácilmente a la platea. Pero Denevi comprendió muy bien que debía iluminar con la sonrisa y la risa todos los aspectos oscuros de la trama y lo logró remarcando tanto la ternura como los diferentes matices de humor que la pieza ofrece. Pudo hacerlo cómodamente porque dispuso de tres admirables comediantes. Ariel Caldarelli encarna con notable soltura a su personaje tozudo, torpe e iluso. Su Wally es el típico perdedor crónico que está convencido de que tiene que ganar indefectiblemente la próxima partida. Susana Groisman sabe dar a su rol un notable encanto transmitiendo una imagen simpática y convincente de la sensatez y el realismo femeninos frente a la obstinación y el ciego empecinamiento del sexo feo. La labor de Ileana López constituye un deleite aparte. Por una parte es una típica "tontita" de película,con una medida dosis de ridiculez que nunca degenera en el grotesco. Por otra su desastroso "número artístico" es una verdadera hazaña de histrionismo. La dúctil y talentosa actriz-bailarina canta y baila "mal" admirablemente. Hay que admitir que no se trata de una gran obra, pero es una buena diversión que logra la hazaña de reconciliarnos con la estupidez humana. No es poca cosa. |
Egon
Friedler
Semanario Hebreo
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