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“Blackbird”
- de David Harrower – Traducción de Margarita Musto y Homero González Torterolo – Con la actuación de Levón y Jimena Pérez – Dirección: Margarita Musto – En la Sala Zavala Muñiz del Teatro Solís, enero 6
La pieza trata de la confrontación, quince años después de los hechos, de la niña que entonces tenía 12 años, ahora una mujer, con el hombre mayor que abusó de ella. La relación terminó con un escándalo y el hombre, en ese momento de cuarenta años, pasó varios años en la cárcel.
El encuentro no es casual. La joven buscó al hombre, que se mudó de ciudad, cambió su nombre y aparentemente se casó y lleva una vida normal. Ella ubicó su paradero, lo que no resultó sencillo y fue a verlo a su lugar de trabajo, una industria en la que él tiene un cargo de mando medio. La trama de la obra del escocés David Harrower trata del amargo y tenso ajuste de cuentas entre ambos. El diálogo revela gran parte de la historia, la cual, sin embargo está llena de ambigüedades. Sabemos muy poco de la vida actual de la joven mujer y no tenemos muy claro si el hombre dice toda la verdad sobre sí mismo. Asimismo son profundamente contradictorios los fuertes lazos que siguen subsistiendo entre ambos a pesar del tiempo transcurrido desde su traumática experiencia. El enfrentamiento verbal está cargado de violencia pero también de ternura, de dolor y arrepentimiento, pero también de añoranza. No faltan las sorpresas en este extraño reencuentro que comienza en un fuerte clima de hostilidad.
Son muchas las preguntas que plantea inteligentemente el autor. Por ejemplo : ¿ El pedófilo es solo un victimario o también es una víctima? ¿ En qué medida la madurez sexual temprana de los niños puede ser un factor en una relación anormal de este tipo? ¿ En qué medida un adulto afecto a “relaciones indebidas” con menores puede “regenerarse? ¿Es factible hablar de amor en una relación tan desigual? Harrower no da respuestas claras y por lo tanto, deja al espectador un sugestivo espacio para la reflexión y el análisis.
La pieza, en la excelente versión al español de Margarita Musto y Homero González Torterolo, no decae un minuto en su interés y la explosiva mezcla de atracción y rechazo entre dos seres unidos por el recuerdo de una intimidad vergonzosa, es manejada por la directora Margarita Musto con mano maestra.
Levón logra transmitir muy convincentemente el nerviosismo y la angustia de su personaje acosado por un pasado de culpas que pretende dejar atrás. Con impecable profesionalismo, carga de sugestivos matices a su rol de guardián desesperado de su difícilmente recuperada respetabilidad social. Pero el rol más difícil y comprometido es el de Jimena Pérez y cabe señalar con alegría que su actuación constituye un logro artístico mayor y el punto más alto de su relativamente breve carrera.
No es nada fácil imprimir una genuina autenticidad a su torturado papel de joven mujer obsesionada por un pasado culpable y Jimena Pérez lo logra plenamente. Tiene a su cargo un largo monólogo de rememoración del pasado que constituye un desafío histriónico mayor, pues plantea simultáneamente las trampas de la monotonía y la exageración enfática. Pérez logra eludir ambas y carga su confesión de una naturalidad y una verdad dramática admirables. Al mismo tiempo supo dar una singular intensidad a los cambios de conducta de su personaje evitando con elegancia los riesgos del ridículo y haciéndolos sicológicamente creíbles. En suma, es de esas actuaciones que no se olvidan fácilmente.
Es necesario admitir que la obra no trata un tema fácil ni agradable. Pero al margen de su indudable interés teatral, la pieza brinda oportunidades para ricas discusiones en tertulias posteriores al espectáculo. Un primer tema a discutir podría ser por ejemplo el título : ¿ qué quiso decir el autor al denominarla “Blackbird” (Pájaro negro)? Caben las más variadas hipótesis. |