"Basura" de Carlos Rehermann

Las impotencias del poder
Por Egon Friedler

"Basura" de Carlos Rehermann – Actuación de Roberto Foliatti – Dirección de Sandra Massera – En el Mincho Bar, Yí casi Colonia.

 

Roberto Foliatti, prolijamente vestido con traje y corbata, representa a un alto ejecutivo de lo que podría ser una multinacional, una maffia o un emporio económico más o menos criminal. Está instalado en un sillón frente a una mesa en la que hay varios teléfonos viejos, de distintos colores. Adelante y atrás de la mesa se acumula toda clase de chatarra, presumiblemente la basura del título. El primer mensaje irónico, de los muchos que ofrece la pieza, podría ser : esta clase de ejecutivos son los que se encargan de convertir el universo en basura. 

El unipersonal consta de una sucesión de conversaciones teléfonicas, que se divide en dos clases : las que el personaje mantiene con sus subordinados, y las que mantiene con Dios, su presunto jefe, al que no respeta mucho, pero cuyas órdenes no tiene más remedio que acatar. En las conversaciones con sus subordinados es categórico. Su uso del poder es absoluto, despiadado, aplastante. En las conversaciones con el jefe es respetuoso, aunque de tanto en tanto asoma en él cierto fastidio. Entre las tareas que asigna a sus subordinados está la vigilancia de su mujer, una vocacional del adulterio. Otra de sus obsesiones es su amante, con la que notoriamente está en malas relaciones y que sistemáticamente no responde a sus llamados.

El gran ejecutivo se regodea con su uso cínico y abusivo del poder, pero resulta que a veces éste resulta totalmente inoperante frente a los caprichos de una realidad que se niega a cumplir órdenes. Una de las mejores bromas de la obra es la solicitud de servicios que realiza el poderoso personaje a una agencia que se encarga de proporcionar prostitutas de lujo a gente que lo puede pagar. Su descripción de la “mercadería” que intenta comprar es de una minuciosidad abrumadora.Es detalladísimo sobre la vestimenta, la estatura, la apariencia y toda clase de detalles anatómicos, pero finalmente ante las limitaciones de stock de la agencia debe conformarse con algo muy diferente y de otra calidad.

Poco antes del final, el autor sugiere que el poder es también alienación y sufrimiento. Su mensaje podría ser : el poder no solo crea basura, es de por sí basura.

Roberto Foliatti, un actor muy dúctil y desenvuelto, al que veo por primera vez en un escenario, otorga carácter a su personaje en una composición en la que las facetas patológicas aparecen discreta pero convincentemente subrayadas. Sin duda la experta orientación de la directora Sandra Massera le debe haber sido muy útil para elaborar su cuidadosa performance en la que cada gesto y cada palabra tienen importancia.

La obra, cuyo autor es Carlos Rehermann, ganó el Primer Premio “Solos en el Escenario” convocada por el Centro Cultural de España este año. A juzgar por esta atrayente versión, lo merecía.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 2 de noviembre de 2006

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