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“Baraka” - de María Goos – Versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino

Obra muy sobrevalorada
Por Egon Friedler

 

“Baraka”  - de María Goos – Versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino – Dirección de Javier Daulte – Actuación de Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado, Jorge Marrale y Paula Kohan – En el Teatro Solís, mayo 6

Desde su estreno en 2002 en Holanda, esta obra acerca de un cuarteto de amigos ha sido un éxito en todos los países en los que se presentó. “Baraka” (una palabra árabe que significa bendición ha sido particularmente exitosa en la Argentina, quizás porque toca el tema de la corrupción a nivel oficial, que parece no desaparecer nunca de la agenda en el país vecino o quizás porque propone una escena de voltaje altamente erótico. También, hay que admitirlo, el éxito de la versión se debe en gran medida al excelente cuarteto de actores que la interpreta, cuya popularidad se debe en gran medida en que actúan en medios de difusión masiva como el cine y la televisión, además de su labor en el teatro.

Pero si la interpretación y la puesta en escena se caracterizan por un impecable profesionalismo, la obra ha sido muy sobrevalorada. El director Javier Daulte la define como una comedia sobre la amistad y sus límites. La definición no es inexacta pero no es precisa. Habría que decir que es una comedia sobre una falsa amistad y sus previsibles derivaciones. 

La historia plantea un poco creíble vínculo entre un político ambicioso ( que esperaba ser nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y finalmente solo es nombrado Ministro de Cultura) y tres claros perdedores : un director de teatro venido a menos, un abogado bohemio con problemas psíquicos y un funcionario municipal homosexual que tiene la íntima necesidad de apropiarse de pinturas de propiedad pública. Cuándo a alguien de la esfera pública se le ocurre que esta manía es un acto de delincuencia, el vínculo que siempre fue artificial en el grupo se rompe.

Los diálogos tienen chispazos de humor pero nada es verdaderamente creíble. Ninguno de los personajes posee genuina credibilidad sicológica y tanto el desarrollo como el desenlace de la obra son escasamente convincentes. 

Sin duda, las excelencias de interpretación compensan en parte las debilidades del texto. La iracundia del personaje de Arana, las reacciones inesperadas del ministro interpretado por Leyrado, la sobria elegancia que Grandinetti sabe dar a su funcionario homosexual y la locuacidad imparable de Jorge Marrale, resultaron sumamente disfrutables. 

Pero precisamente por el calibre de los actores, hubiera sido preferible que nos visitaran con un texto de más calidad. 

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 13 de mayo 2010

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