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Entre el 15 y 20 de octubre tuvo lugar el Segundo Festival Internacional de Teatro Unipersonal del Uruguay, organizado por un eficiente comité encabezado por el actor Fabio Zidán. El Festival, que contó con la presencia de visitantes de México, Brasil, Chile, Argentina y República Dominicana además de artistas locales, se inició con la entrega de premios del primer festival que se realizó el año pasado. El Jurado integrado por Jorge Abbondanza, Roger Mirza y Fabio Zidán concedió los premios nacionales al director Jorge Curi y al conjunto Puerto Luna y los internacionales a los directores Aderbal Junior (Brasil) y Eugenio Barba (Italia).
El Festival, propiamente dicho, que se realizó íntegramente en el Teatro “La Candela”, se inició con la actuación de Estela Medina en su aclamado monólogo de “Las mil y una noches” que, como lo recordarán muchos aficionados, fue de lo mejor de un espectáculo muy polémico e irregular. Le siguió la actuación del actor Arnaud Charpentier del grupo La Biznaga de México en un texto del cual es co-autor basado en un cuento de Peter Brook. El actor y autor franco-mexicano presentó un espectáculo titulado “Según se cuenta…. La historia del teatro contada por un solo actor”, en el que dio una versión esquemática y muy discutible de la historia del teatro. Pero si el texto resultaba objetable , Arnaud Charpentier se evidenció como un actor de formidable ductilidad física que supo utilizar con verdadero virtuosismo las diferentes máscaras y los variados elementos escenográficos que utilizó en su show. Una similar vitalidad y agilidad corporal caracterizó la actuación del actor uruguayo-brasilero Roberto Birindelli, quien presentó “Il primo miracolo” de Dario Fo, una historia irreverente y anticonvencional del niño Jesús y la Sagrada Familia. A pesar del Premio Nobel que Fo obtuvo en 1997, el texto pareció bastante chato y carente de ingenio, pero los despliegues escénicos y la simpatía de Birindelli lo hicieron bastante soportable.
No volvimos a ver “Zapatos andaluces” de Laura Echenique, interpretado por Susana Anselmi, pero como recordarán los lectores que siguen regularmente estas crónicas, en nuestro comentario de su presentación en el Teatro Metro, consideramos muy pobre el texto pero elogiamos la versatilidad y el sólido oficio de la actriz. El tercer espectáculo nacional del Festival fue “Con los guantes puestos” de Alvaro Bendahan, que fue interpretado por el actor Daniel Viña, con dirección de Fernando Uhía. Su tema es la triste decadencia de un boxeador, que no tuvo la inteligencia ni el tino de ahorrar cuando pudo hacerlo y ahora debe hacer frente a una vida de humillación y pobreza. Muy bien interpretado, este unipersonal, presentado por el conjunto “La barraquita” constituye una vigorosa señal de que existe un teatro vivo en la Costa de Oro de Canelones. El único número de narración oral del Festival estuvo a cargo del chileno Carlos Genovese que adaptó el texto “Naftalí, el niño de la lluvia” de Jorge Díaz referido a la infancia de Pablo Neruda. Indudablemente tuvo su encanto y mantuvo el interés del público del comienzo al final. Su número constituyó una elocuente reivindicación de los “cuentos contados para adultos”.
Argentina estuvo representada en el Festival por la actriz y autora Andrea Juliá, quien en su “show” “Abanico de soltera” rinde un doble homenaje a su padre español y al poeta Federico García Lorca. Dirigida por Horacio Medrano, Andrea Juliá, pone en escena lo que denomina “un poema dramático para una sola voz” y lo califica de “homenaje al poeta granadino recreando su universo mágico a través de un encuentro del duende con sus personajes”. El problema de Juliá es que la recreación del universo mágico de un genio como García Lorca sin apelar a sus textos, es algo nada sencillo. Es cierto que muy fugazmente la actriz y autora argentina cita palabras del poeta y alude a la trama de “Doña Rosita la soltera”, pero en total “Abanico de soltera” no convence como aproximación al mundo lorquiano y resulta una pobre competencia más que un homenaje. Con ello, gracias a su indiscutible profesionalismo y su evidente amor por su tema, logra algunos momentos de genuino lirismo y de auténtica comunicación con la platea.
A nuestro juicio, el mejor espectáculo del Festival fue presentado por la dominicana María Isabel Bosch en el último día. En un texto del cual es autora junto con Jorge Merzari, formula lo que define con acierto como “una apasionada denuncia sobre el tráfico de mujeres y su explotación sexual”. Utilizando varios tules blancos de los que hace un uso múltiple, Bosch adopta diversas identidades. Moviéndose con la agilidad de una gacela por el escenario y modificando su voz y su mímica con magistral ductilidad, la actriz dominicana ofrece en cada parlamento toda una lección de virtuosismo actoral. Encarna a cuatro mujeres diferentes que comparten un destino de miseria y degradación. Pero en la voz y los gestos de María Isabel Bosch cada una de ellas cobra una personalidad propia y nos transmite su mundo de ilusiones frustradas. Aunque sea por este solo espectáculo hubiera valido la pena hacer el Festival.
Lamentablemente el gran esfuerzo organizativo desplegado por sus responsables no tuvo el amplio eco público que habría merecido. Cabe esperar que ello no desaliente a los autores de la iniciativa y que el próximo festival el año próximo reúna a un número considerablemente superior de espectadores. |