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“Babilonia”
- de Armando Discépolo – Con dirección de Jorge Denevi – Con elenco integrado por Estefanía Acosta, Sandra Américo, Anael Bazterrica, Sarit Ben
Zeev, Gastón Caperchione, Pablo Dive, Ignacio Duarte, Walter Etchandy, Marcos Flack, Luis Fourcade, Myriam Gleijer, Claudio Lachowicz, Emilio Pigot, Pablo Pipolo y Marina Rodríguez – Escenografía: Claudio Goeckler – Vestuario: Nelson Mancebo – Luces: Martín Blanchet y Eduardo Guerrero – En el Teatro “El Galpón”.
La obra de Armando Discépolo (1887-1971), el creador del grotesco criollo, parece hoy bastante vetusta. Pero su destacado lugar en la historia del teatro rioplatense está más allá de toda discusión. El dramaturgo argentino supo plasmar las inquietudes de la gran masa de inmigrantes europeos llegados al país vecino a fines del siglo XIX y en las primeras décadas del XX, mezclando el humor, el melodrama y el costumbrismo.
“Babilonia” es, sin duda, un clásico de este género y está ambientado en la cocina de una casa rica, donde la multitud de criados de distintos orígenes, pugnan por conservar su puesto en un país nuevo y difícil. La trama es sencilla y el autor logra darle una precaria validez teatral mediante la presentación costumbrista de la historia. El problema que se plantea al director que hoy aborda su puesta en escena, es cómo lograr que el pintoresquismo de Discépolo no parezca arqueológico y que la historia resulte teatralmente convincente.
Jorge Denevi logró un éxito pleno en ambos desafíos. Lo hizo, por una parte, con un minucioso trabajo de dirección de actores, marcando a cada uno, una personalidad muy definida y por otra, con una orquestación muy cuidada de todos los detalles de la puesta en escena. Tuvo un éxito total en la definición de todos los personajes, tanto en el mundo de los patrones como en el de los criados, con una sola excepción, la del villano-pobre diablo cuyos celos de un rival constituyen el eje de la trama. Denevi lo marcó como un maniático sombrío y asocial, demasiado patético para la historia. Emilio Pigot, que tuvo que hacer este papel ingrato, sin duda habría ganado en credibilidad haciendo un personaje más despistado y tontamente obsesivo y no de villano clásico como está enfocado por Denevi. Pero en los demás, el acierto fue total, empezando por el personaje estelar : el cocinero italiano interpretado con soltura y regocijante histrionismo por Luis Fourcade y siguiendo por la coqueta y embrollona galleguita de Estefanía Acosta, la alemanota sentimental, rígida y amante de empinar el codo que hace Anael Bazterrica , el timorato y tonto pinche de cocina de Gastón Caperchione y el chofer judío que se hace pasar por francés, que interpreta Marcos Flack. Los aciertos también son destacables en el mundo de los de arriba (que ocultan cuidadosamente que alguna vez también estuvieron abajo) empezando por la snob e iracunda Madama Emilia de Myriam Gleijer y siguiendo por su marido temperamental y autoritario interpretado por Walter Etchandy y terminando por su hijo jugador e irresponsable a cargo de Claudio Lachowicz.
Pero la mejor escena de la versión está a cargo de una actriz que tiene un rol absolutamente secundario : Marina Rodríguez que interpreta a Lola, la desdichada esposa de José, el “malo” de la pieza. Cuando ella baila (muy bien) y el escenario se va oscureciendo lentamente, es absolutamente mágica y también es admirable toda la escena que sigue en la que el canto amateur (pero decorosamente aceptable) de varios de los personajes es una hermosísima evocación de nostalgias por la patria y el pasado perdidos.
Sólo por ese logro, ver “Babilonia” vale la pena. Más allá de las discusiones sobre la vigencia o no de Discépolo, esa escena tiene la rúbrica de un gran director y queda en la retina y en el corazón del espectador. |