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"Azafatas"
(Boeing-boeing)
de Marc Camoletti – Con Coco Echagüe, Daniela Marotta, Rosita Freiría, Maxi de la Cruz, Alexandra Montalvo y Graciela Rodríguez – Dirección : Hugo Blandamuro – En el Teatro del Anglo.
Desde su estreno en 1960 la farsa “Boeing-boeing” del autor francés Marc Camoletti fue un éxito mundial. En 1965 se convirtió en una exitosa película con Tonny Curtis y Jerry Lewis, y cada tanto ha reaparecido en las carteleras de numerosas ciudades en todo el mundo. En Montevideo se dio una versión anterior en 1993 en el Teatro Stella protagonizada por Cacho de la Cruz y Eduardo D´Angelo y en Buenos Aires se repuso el año pasado en el Teatro Metropolitan en una exitosa versión con Beatriz Bonnet, Alberto Marín y José María Listorti.
La presente versión, rebautizada “Azafatas” al parecer en aras de la sencillez, ha sido dirigida por Hugo Blandamuro, quien también fue responsable de la versión de 1993. El director encara la obra como un vaudeville en el que los enredos se producen a una gran velocidad y en el que los personajes aparecen pintados con trazos bastante gruesos. Por ejemplo, el gran seductor de la historia, Bernardo (Coco Echagüe) no aparece como un “bon vivant” demasiado convencido de su irresistible poder de atracción sobre el sexo opuesto, sino como un Don Juan de pacotilla, locuaz y atropellado, para el cual la necesidad de engañar mujeres es más una manía que una vocación. También las tres azafatas parecen algo excesivamente tontas y despistadas, y en particular el rol de Graciela Rodríguez constituye una caricatura demasiado grotesca, con su temperamento avasallante y su seudo-alemán imposible. Asimismo el personaje de Maxi de la Cruz deja que desear. La conversión del joven de buenas intenciones del comienzo en un aventurero no menos irresponsable que su amigo y protector, no está suficientemente aprovechada desde el punto de vista histriónico. Pese a estas limitaciones de la dirección, este plato cómico con demasiada sal, tiene su gracia.
Todo el elenco, al margen de exageraciones o limitaciones, está integrado por comediantes de raza que no sólo actúan sino que disfrutan sus roles. Daniela Marotta da el adecuado carácter chispeante a su rol de norteamericana práctica, a quien, dicho sea de paso, le toca decir los parlamentos más agudos de la obra. Coco Echagüe imprime un convincente nerviosismo a su rol de enredador enredado ; Alessandra Montalvo, derrocha simpatía en su rol de francesita buena perdida en un mundo demasiado cambiante e inestable ; Graciela Rodríguez se divierte y divierte al público haciendo de alemana impetuosa e imprevisible mientras Maxi de la Cruz logra buenos efectos cómicos como el inepto salvador de situaciones insalvables. Pero quien realmente se “roba la obra” es Rosita Freiría. Su labor de sirvienta que a pesar suyo se convierte en la principal cómplice de las intrincadas jugarretas eróticas de su patrón, es un logro de actuación medida, inteligente, de un rico detallismo en los gestos, los parlamentos y la mímica.
Su comicidad afilada como un estilete contrasta con la escasa sutileza con que están encarados los demás roles.
Dentro de un mes ningún espectador (aún aquel que haya reído con más ganas) recordará los detalles del argumento de esta comedia francesa que sigue siendo eficaz a pesar de que hoy, con la irregularidad de los horarios de los vuelos, la trama parece trasnochada e increíble desde el principio.
Pero si hay algo que recordarán es sin duda, la gracia formidable de esa gran actriz que es Rosita Freiría. |